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martes, 21 de agosto de 2012

Comentario ulterior en forma de canción a la Crónica sentimental de España ("¿Aún aquí?", le chilló la vedette a su pelmazo pretendiente)

Extraterrestres(Recital del robot i l'astronauta IV) by Antonia Font on Grooveshark

(Ahora no sé, pero a estos los vi el año siguiente al que sacaron Taxi en la fiesta mayor de un pequeño pueblo de Mallorca, y lo cierto es que no desentonaban para nada.)

lunes, 20 de agosto de 2012

Lecturas: Crónica sentimental de España (dentro de 50 años; y V)

Entre todos la mataron
y ella sola se murió.

(Aleluya popular)

Dentro de cien años, cuando España sea un atolón, cuando las tierras del centro hayan sido enviadas a la Luna para el desarrollo de la agricultura espacial y los mares hayan ocupado el espacio vacío para duplicar el número de las costas: dentro de cien años, cuando los centros de Formación Profesional Acelerada produzcan a un ritmo mensual de cien camareros, cinco flamencos de litoral y cincuenta profesionales playeros varios; dentro de cien años, cuando la arqueología submarina busque y rebusque bajo el mar interior español el monumento al pastro de Ávila, al maestro nacional, a la mujer gallega, a Sancho Panza y el burro manchego; dentro de cien años, cuando los presentadores de televisión inicien el programa diciendo: Hello, people, How are you?, y a continuación traduzcan para las clases pasivas: Hola, señores y señoras. A conservarse; dentro de cien años, cuando en Venus, Marte, Vulcano comiencen a aparecer ciudades de plástico llamadas Nueva Galicia, Nueva Cuenca, Nueva Reus; dentro de cien años, cuando la URSS y USA lleguen a un acuerdo para dejar de encañonar la Tierra desde el espacio todos los días festivos y en otras jornadas de especial significación; dentro de cien años, cuando entre las ruinas arqueológicas del Rastro los hispanistas norteamericanos de la Universidad de Columbia se sonrían ante la precaria supervivencia del cancionero popular iniciado por la canción:

Tres cosas hay en la vida:
salud, dinero y amor,
y el que tenga estas tres cosas
que le dé gracias a Dios;

dentro de cien años, cuando Robert John Kennedy III, el Benevolente, decida un empadronamiento total de los ciudadanos de su imperio para conmemorar la era de la paz instaurada, y en los jardines de la Casa Blanca er nino de Belmez estrena la primera versión del Valverde, ¡ay mi Valverde!, quién estuviera en Valverde, en correcto americano de St. Louis; dentro de cien años, cuando según el New York Times se aprecien evidentes síntomas de distensión entre Cuba y Estados Unidos; dentro de cien años se habrá llegado a la evidencia de que no hay que luchar por lo que es evidente y de que aquel verso de canción popular: Recuérdame, que recordar es volver a vivir, no era otra cosa que un signo más de la ley de la incongruencia lógica que presidió la vida de la humanidad hasta poco después del años 2000. Y tal vez la sección de la Universidad de Yale, especializada en Historia Bioquímica de España, descubra que el germen de los nuevos tiempos dentro de la antigua área de España sea el plan de estabilización de 1958.
Esta es la introducción a la tercera y última parte del libro, «Los felices sesenta». A mí me parece que con este divertimento de atisbar lo venidero, Vázquez Montalbán da la clave de lo que ha sido el libro. Mencionábamos en un post anterior su proverbial ironía. Cierto, pero hay que señalar que lo que no hay en todo el libro es el menor rastro de cinismo. Tal vez, puntualmente, sí hay algunos dardos envenenados dirigidos a ciertos ítems, pero nada más. Creemos que eso le honra y le da a la crónica una dignidad fuera de toda duda.
Crónica sentimental de España apareció originalmente en 1969 como una serie de artículos para la revista Triunfo. Dos años más tarde, en 1971, aparecía en forma de libro después de que el material escrito para los artículos hubiese sido convenientemente manipulado y enriquecido para darle esta forma final.
Era necesario un libro como este. Un libro que desde la comprensión, el conocimiento y la empatía, se proponía no tirar con el agua sucia de la bañera al niño de la cultura popular de nuestros padres, abuelos, bisabuelos... Seguramente porque ya se veía en aquel momento que las cosas iban a cambiar así como la inevitable preponderancia que iba a tomar la cultura norteamericana sobre la nuestra.
No obstante, el libro es valiente, y cuando hay que repartir no le tiembla el pulso lo más mínimo.
Expresa su asco por aquella clase de personajes e "intelectuales" que decían cosas como: «Prefiero una juventud forjada en los campos deportivos que en la lectura de Alberti.» Y así nos va, porque eso, a efectos prácticos, no ha cambiado. Miren las estadísticas.
Puede ser sarcástico, como cuando parece celebrar en un estupendo giro la resistencia de las jóvenes españolas frente a las precauciones que les "aconsejaban" los mayores -sobre todo las madres- debían tomar con la minifalda: «Sus hijas, las quinceañeras de los años sesenta, pronto darían el gran salto cualitativo de extranjerizarse y de gritar: ¡Que españoleen ellas!» ¿Se acuerdan de aquel desafortunado «Que piensen ellos» que con tanta premura y adhesión se hicieron suyo los españoles (y lo que te rondaré, morena)?


domingo, 19 de agosto de 2012

Lecturas: Crónica sentimental de España (para una arqueología del pelotazo)

... dale que te pego...
La revolución cultural que realizaron los tecnócratas a partir de 1958 ya ha influido en la conciencia social. Las aceleraciones y los frenazos han magullado a los viajeros de metro o autobús, pero se les ha inculcado la sabiduría convencional de Rostow o Galbraith, y se intercambian miradas de inteligencia antes de musitar: Ya se sabe, pasamos una fugaz etapa de recesión, y a continuación, el andaluz de Jaén, ex aceitunero altivo, que ya sabe de quién son esos olivos, comenta: Hay que esperar de nuevo el despegue reactivador. Mientras tanto, el supermán del consumo, el miniburgués nacional, recorre, perplejo, una página de anuncios llena de estímulos. ¿Qué comprar? ¿Paisaje? Tal vez sea una buena inversión. Los papás de todo el asunto, Juan Jacobo Rouseeau y los románticos seguidores, ya dijeron aquello del hombre libre en la naturaleza libre. Este principio, que respaldaría la libertad de empresa, que ha engordado a la burguesía y que le ayudaría a ganar dinero gracias a la ciudad, se convierte ahora en la especulación del paisaje. Hay que comprar diez mil palmos cuadrados de paisaje para que el eficaz ejecutivo se oxigene cuarenta y ocho horas y vuelva engrasado a la ciudad, a seguir alimentando con ideas y decisiones la gran maquinaria del tingladito. ¿Qué comprar? Ya dicen los exegetas de la cultura del objeto, los exegetas del diseño industrial como máximo lenguaje cultural de nuestro tiempo, que la tradición de esta cultura es incipiente. Cuando se haya desarrollado, la imaginación programadora industrial inventará maravillas para satisfacer la perplejidad consumista del supermán nacional: submarinos convertibles en bocadillos de morcilla malagueña, jamones con chorreras convertibles en helicópteros, con o sin ametralladora, escafandra de buzo convertible en cama de matrimonio con mesitas de noche aplicadas, palacios neoclásicos de bolsillo susceptibles de ser hinchados con la mismísima boca del supermán. La relativa prosperidad nacional que se manifiesta a nivel proletario en la posibilidad de emigrar en tren con asientos tapizados de plástico, y a nivel de supermán en la posibilidad de ir una vez a la semana a ver qué hace la vanguardia en Bocaccio Boite o en el Oliver madrileño, sirve de capa aislante en torno a la madriguera compartida. Ya se vio muy claro que pocas cosas afectaban a los allí refugiados cuando a raíz de los acontecimientos del Congo, recién inaugurados los felices sesenta, se propagó una canción tan poco solidaria como la que decía:

Según dice la prensa
la tensión es inmensa
y el problema no es manco
porque tiran al blanco.
Si manda Lumumba,
si hay lío en Katanga,
menuda sandunga
que se organizó.
Katanga, Lumumba.
Lumumba, Katanga,
menuda mandanga
que tiene el gachó.

¿Qué pasa en el Congo?
Que blanco que pillan
lo hacen mondongo.
(Helicópteros, submarinos, y no sé si hasta las escafandras de buzo, eran proclamados entusiásticamente como inventos españoles en escuelas, medios de comunicación, enciclopedias y bares: De la Cierva, Peral, Monturiol en segundo plano...)

sábado, 18 de agosto de 2012

Lecturas: Crónica sentimental de España (tesoro, ¿divina juventud?)

Sigo citando...
"Una desazón recorre el mundo como un nuevo fantasma de imposible manifiesto. A nivel de intuición, la juventud de los años cincuenta, al calor de los beatniks, del rock y del alcohol, buscaba la escapatoria del furor de vivir, el placer del acto gratuito que tan acertadamente había descrito Gide. Elvis era el símbolo del hacer sin saber qué hacer. Su voz, su sentido del ritmo, equivalía precisamente a ese actuar sin actuar, a ese consumir energía in situ, sin contribuir a que aumente la balanza de pagos nacional.

"En todo el mundo aparece una incipiente rebeldía juvenil convertida en movimiento de masas. Los jóvenes siempre habían sido rebeldes -decían los padres preclaros-, pero nunca así. La rebeldía juvenil había sido plasmada en las novelas de Glasworthy. Era la rebeldía de uno en uno, la rebeldía literaria del joven que no quiere ser comerciante como su padre y emigra a las colonias. Allí se hace comerciante, como su padre, y regresa a tiempo de cerrar los tranquilizados ojos del autor de sus días. Pero esta nueva juventud rebelde que agita las cadenas de sus bicicletas, que viste blue jeans y cazadora de cuero, que practica incipientes formas de amor libre, es agresiva. Se le reprocha esa agresividad de grupo que esconde una cobardía individual. Se les reprocha desde un temple cinematográfico de excombatiente que ha ganado una guerra mundial él solo, como John Wayne o el general De Gaulle. Pero nadie habla de la agresividad y la violencia implícita, omnipotente, que se refugia en todos los códigos que superestructuran la vida común, en beneficio de las castas.

"Gamberro. Esta palabra se incorpora al vocabulario nacional, merece incluso los honores de titular de una película protagonizada por Gila, Miguel Ángel Valdivieso, César Ojinaga... Se rueda en los estudios IFI y pretende ser un exponente de la desorientación del mundo juvenil. Nuestros gamberros cinematográficos tienen más parecido con el bruto desaprensivo de capital de provincia que con los jóvenes bárbaros con blue jeans y cazadoras de cuero. Entre nosotros aún quedan evidentes acciones extradanzantes, aún nadie está de vuelta de las trampas e integraciones de la democracia formal. Y a ello se atribuye la «salud moral» de nuestro pueblo que, al decir de las estadísticas nacionales, es el que menores índices tiene de todas las delincuencias. Incluso de la delincuencia política, si es que se puede llamar así...".

Fabuloso este Manolo Vázquez, ¿no les parece?
Esa forma de jugar con varias ideas e imágenes y con ellas tejer su crónica, su relato. De hecho, Crónica sentimental de España, que se lee de un tirón porque está escrita con nervio y agilidad, sería como un calidoscopio gigante en el que van apareciendo y despareciendo los pequeños objetos para formar ilusiones más densas o menos (esas ideas o, más bien, ese relatarlas y confeccionarlas).
También tenemos esa soltura a la hora de utilizar contrapuntos o unísonos de culturas foráneas.
El uso de distintos registros, insdistintamente culto y popular, solapándose o sobreponiéndose en todo momento (con lo que manifesta ser consecuente consigo mismo).
Y, además, está ese descaro a la hora de utilizar las palabras y sorprenderlas con frecuencia desde atrás.
Y su fina ironía.
O, también, esa capacidad de generar ideas: en otras partes del libro, por ejemplo, se habla de «raphaelismo y posraphaelismo» (¡ya en el 69!), se habla del «pasodoble filosófico nacional» (que hoy todavía lo bailan muchos, todo hay que decirlo), o esa fabulosa observación de la psicología de esta España que les duele a tantos -y por motivos contrapuestos- cuando sugiere analizar una de nuestras más acomplejadas y automáticas expresiones: «son otra cosa», decimos subcomparándonos con cualquier cosa que venga de fuera. ¡Menos mal que nos queda el fútbol!, como ya vislumbró el propio Vázquez Montalbán.


Pensamos hacer una o dos entradas más sobre esta magnífica lectura. No pensábamos poner música en ninguna de ellas, y de hecho no lo vamos a hacer salvo ahora. No es que se necesite complementar o ilustrar este texto, ni mucho menos, lo que ocurre es que pensando en él y en esa misma "juventud" pero unos años más tarde, nos ha caído una cosa sobre el teclado. Tómenselo como un efluvio simultáneo, nada más...


Aparta el corazón de las mangueras by Veneno on Grooveshark

Lecturas: Crónica sentimental de España (II)

Cito:
"Los seriales conmocionaban hasta tal punto que se aprovechaba su éxito de público para realizar reducciones escénicas que se representaban periódicamente con un gran éxito de taquilla. ¿Por qué esa conmoción? El serial radiofónico heredaba la función que había tenido el folletín. Gramsci se había planteado varias veces la necesidad de utilizar las formas  y los temas de la literatura popular, enriquecidos por una intencionalidad transformadora. Fue uno de los primeros teóricos de la praxis en comprender que, tras el divorcio entre cultura de elite y cultura de masas, no sólo se escondía la típica conspiración alienadora de los filisteos, sino un auténtico problema de desfase cultural en el sentido más total de esta palabra. Para dar la razón a Gramsci ahí están los seriales de Sautier Casaseca, cargados de intención política, servidos a través de un medio omnipotente que sólo necesitaba electricidad para llegar al último rincón de la última oreja, un medio que, además, permitía ser atendido continuamente, hiciera lo que hiciera el oyente, incluso por debajo del nivel consciente de su percepción. Fue un auténtico asunto de hipnosis radioeléctrica, como si de los receptores se escapase el efluvio de la persuasión o como si las combinaciones musicales fuesen en la realidad melodías del flautista de Hamelín."
El subrayado es nuestro. Por lo demás, creo que el tema que plantea, mutatis mutandis, sigue teniendo plena vigencia. Además, como pueden ve, el contenido de este fragmento nos ofrece hoy centrífugas posibilidades de comprensión insospechadas para Vázquez Montalbán entonces.

martes, 14 de agosto de 2012

Lecturas: Crónica sentimental de España (I)

Hacía mucho tiempo que quería leer esta fabulosa crónica ensayística de Vázquez Montalbán, y la casualidad ha querido que lo hiciera la semana pasada, justo en la recta final de los Juegos Olímpicos de Londres y con el recuerdo aún reciente de la Eurocopa de fútbol.
Hablaremos y pondremos otros fragmentos de este gran trabajo de antropología cultural pero, de momento, aquí va un estupendo fragmento sobre fútbol, Matías Prats y la fundación del espíritu nacional. (De verdad que, viendo y oyendo a los actuales locutores y periodistas deportivos, estoy convencido de que estamos ahí mismo).

Cuando Matías Prats retransmitía un partido jugado por la selección española, Alejandro Farnesio, en su tumba, se mesaba las barbas desesperado por haber carecido en sus tiempos de tan fabuloso impulsor emotivo. Nadie se explicaba, después de haber escuchado una retransmisión de Matías Prats, cómo España había perdido frente a Italia en Madrid por tres a uno. Porque aquel día Prats convirtió en dios mitológico a Gonzalvo III, el hombre que «estaba en todas partes», el hombre que, «desde la posición teórica de medio volante», lanzaba su furia para empujar ante ella a la derrotada delantera española. «¡Gol, gol, gol!», gritaba Prats cuando el gol era de España. «¡Gol!», musitaba cuando el gol se lo marcaban a España. Gracias a Prats, el pan y toros se convirtió en pan y fútbol; gracias a Prats, entre otros. Frente a España estaba la amenaza de Travassos, el cruel interior portugués que quería impedir nuestra clasificación para los Campeonatos del Mundo de Maracaná. Pero nada pudo hacer Travassos frente a la escuadra de Gaínza, Gonzalvo, Puchades, Zarra… Y después, nuestros tercios futbolísticos ganaron a Irlanda por cuatro a uno. Gaínza salió de aquella hazaña convertido en el gamo de Dublín. Los tercios prosiguieron la reconquista de Europa y vencieron a Francia en París por cinco a uno. Basora salió de aquella hazaña convertido en el monstruo de Colombes. Y la voz de Matías Prats seguía creando el lenguaje radiofónico-futbolístico-nacional-sindicalista. La voz se fue a las Américas a retransmitir los Campeonatos del Mundo de 1950. Las Américas estaban llenas de exiliados que tenían una filosofía de la vida, de la muerte y de la victoria muy distinta a la de Matías Prats. Meses después de la vuelta de la selección, se proyectó en todo el territorio nacional un documental sobre la gesta de la selección española. Llevaba un título de diario español de provincias o de documento izquierdista de intelectuales sartrianos. Se llamaba La Verdad.
¿Qué había ocurrido en Brasil?
El equipo español había alineado básicamente a: Ramallets; Alonso, Parra, Gonzalvo II; Gonzalvo III, Puchades; Basora, Igoa, Zarra, Panizo y Gaínza. Este once sagrado batió a Inglaterra por uno a cero. Cuando Zarra e Igoa consiguieron marcar el gol casi juntos, Matías Prats gritó como hubiera gritado el adolescente grumete de la nave almirante de la Invencible, si la Invencible no hubiera sido diezmada por las tempestades y por la flota inglesa. Aquel ¡GOL! De Matías Prats es el punto de origen del CONTAMOS CONTIGO, del desarrollo del turismo, del triunfo de Massiel en Eurovisión, del trasvase del Tajo y del Segura, de las autopistas de peaje, del VII Plan de Desarrollo… Cuando los españoles oyeron aquel gol, la Historia Universal retrocedió cuatrocientos años. Felipe II frunció el entrecejo y dijo: «A ver si ahora…».
El gol de Matías Prats, Zarra e Igoa aún recorre la galaxia. Cuando los cosmonautas americanos creen percibir un ruido extraño, algo así como el de una piedra que cae en aguas tranquilas, lo que oyen realmente es el grito más célebre de la Historia de España después del «Tierra a la vista» de Rodrigo de Triana e inmediatamente antes del «A mí, Sabino, que los arrollo» del delantero Belaúste. Matías Prats. Éste es el nombre del gran cronista épico de estos treinta años de vida española. Dotado de una especial metodología narrativa que le acerca a los mejores novelistas del realismo socialista, Prats siempre ha sabido hallar el correlato histórico totalizador que corresponde al hecho deportivo. No. No ha sido un locutor lineal, positivista, neopositivista, ¡ni siquiera neopositivista! Ha sido un locutor dialéctico, que, por ejemplo, cuando España ganó a la URSS en Madrid en 1964, ofrendó aquel triunfo a la conmemoración de los XXV Años de Paz.