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domingo, 12 de mayo de 2013

brevedad

En Tempestad sobre Washington (Advise & Consent, 1962), de Otto Preminger, hay una réplica fabulosa. El senador y portavoz de la mayoría parlamentaria, Bob Munson (que interpreta Walter Pidgeon), le dice al vicepresidente, que dirige la cámara (y que interpreta Lew Ayres):
- Mr. President, with the chair's permission, I shall be very brief.
- The chair gladly gives any senator permission to be brief.
Algo así como: "Señor Presidente, con el permiso de la presidencia, voy a ser muy breve." "La presidencia siempre concede gustosamente el permiso para ser breve."

domingo, 17 de marzo de 2013

No se admite personal

  

No se admite personal, cortometraje documental realizado y producido en 1968 por un colectivo formado, entre otras personas, por Antoni Luchetti, Agustí Corominas, Ovidi Montllor, Conxita Camargo, Jordi Bordas y Paco Boladeras.
Una visión imprescindible de una Barcelona no tan lejana en el tiempo. Insalubre e inhospita.



Alojado en el blog "Naranjas de Hiroshima".

jueves, 14 de marzo de 2013

habemus papa

«Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi».
(Il Gattopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa)

domingo, 23 de diciembre de 2012

rollin' with some Cajun Queen

Hoy hemos tenido un agradable vermutillo con dos músicos vecinos, Ivo Sans y Tito Juan. Es lo bueno de vivir en un lugar como Gracia, donde existen plazas en las que el tiempo parece que va un poco más lento. Han salido varios temas, algunos de los cuales trataremos próximamente, pero nos hemos quedado con uno.
Hemos hablado del rock y del jazz, de los músicos de uno y otro género, y de por qué aquí, en nuestro país, siempre ha habido como una barrera insalvable entre ellos.
Ivo y Tito han completaron parte de su formación en países como Bélgica y Holanda, así que conocen bien lo que pasa ahí. Y saben que en esos lugares las cosas son más naturales.

El tópico define al músico de rock por su actitud, mientras que es la técnica lo que definiría al de jazz. Pero, ¿es que son incompatibles?
Nosotros, francamente, creemos que no. Pero, en la práctica, aquello que debería ser un nexo, como un trasvase, se convierte en una barrera.

Born on the Bayou by Creedence Clearwater Revival on Grooveshark

De la técnica ya hablaremos en otra ocasión, pero al llegar a casa no he podido evitar ponerme este tema de Creedence Clearwater Revival respecto de la actitud.
Habría mucho que decir sobre qué es actitud. ¿Actitud es haberse cargado a unos tíos en un tiroteo al tiempo que haces discos para las FM, o es ser algo más 'civilizado' pero facturar un hip hop realmente revolucionario? ¿Actitud la tiene un rockero comprometido que además sabe hacer mover los pies al personal, o bien la tiene uno de esos 'malditos' que riegan su leyenda de yonquis aunque aunque lo que digan luego sea insustancial?
En fin, que habría mucho que decir. Estamos un poco hartos de este tipo de generalizaciones o clasificaciones que se van extendiendo de una manera acrítica y que no resisten el más leve examen.

"Born on the Bayou" es un tema vibrante y poderoso. John Fogerty, cantante, guitarrista y compositor de la Creedence, tal vez no sea Metheny, pero Metheny tampoco podría dejar un legado como el de la banda californiana. Y además, es que ni uno ni el otro deben de hacerlo. Uno y otro han de concentrarse en lo que saben hacer. Y si traigo esta comparación aquí es para poner de manifiesto lo estúpido que es ver las cosas así (el "principio de adecuación" queridos lectores, recuerden.)
En "Born on the Bayou", como en cualquier otro tema de ese disco o de los siguientes, encontramos eso tan característico y único de esta banda. Es música popular, que invita a bailar, porque recordemos que hablamos de cosas como rock o blues, que nacieron entre la gente y no en ningún conservatorio. Y hay esa fidelidad de sus miembros a un sonido y unas raíces. Y está esa manera de cantar de John tan bestia, con tanta furia. Escúchenlo con detenimiento.
Se me ocurre que un buen ejercicio para saxofonistas de jazz sería el de tratar de emular el sonido, vibrato y modulaciones de Fogerty. De hecho, esto no sería tan raro, pues a muchos viejos saxofonistas de jazz les gustaba a veces 'imitar' las voces de cantantes que admiraban.
Para acabar, decir que Fogerty no iba de nada, ni de drogota o chuloputas, ni de tipo duro o perdonavidas. Era un tipo normal. Eso sí, algunos de los mensajes más hirientes contra el establishment y la estupidez del hombre medio de su país salieron de sus cuerdas vocales. (Ah, y por si alguien no los había escuchado antes -cosa que supongo difícil- y les extraña la tesitura tan áspera de su voz, decirles que el cantante es el chico de la derecha en la foto de abajo.)


Y ahora live...

martes, 6 de noviembre de 2012

unas breves consideraciones

La palabra interesante la solemos utilizar en exceso y con poca propiedad. Diría que sobre todo por pereza, por hacer un apaño rápido cuando hay que hacer o explicar algo para lo que no se cuenta con demasiado tiempo o, simplemente, cuando no se tienen ganas de explayarse demasiado y dejar fluir el ingenio. De tal modo, hemos acabado las más de las veces por desvirtuar su significado, su etimología (y que conste que me incluyo.) De entrada, no hay cosas interesantes per se, sino que el "interés" irá siempre en función de que se despierte en alguien o no.

El pasado jueves asistí a la habitual sesión que el Duot (Albert Cirera y Ramon Prats) realiza semanalmente en 23 Robadors. Esta vez les tocaba -como también es habitual una vez al mes- invitar a un músico para improvisar todos juntos. El invitado era Ferran Fages. No pensaba hacer ninguna crítica ni reseña (está bien descansar e ir a ver las cosas sin pensar, "tengo que escribir tal o cual cosa"). Y, de hecho, esto que viene a continuación tampoco va a serlo. Pero, al acabar el concierto, cuando regresaba a casa en el metro, estuve hablando con un amigo de algunas cosas que nos parecía habían pasado. Al llegar a casa las apunté rápidamente y creo que tienen un poco de interés (no mucho, tampoco.) Ahí van.

De entrada, quiero decir que la sesión de Duot + Ferran Fages no la calificaría ni de buena ni de mala, pero sí de interesante. Y voy a explicar por qué, mientras aprovecho para, por una vez, intentar hacer un buen uso de "interesante".

Una de las cosas que me motivó a bajar la otra tarde hasta el centro para ver la sesión de Duot fue la dispar combinación que se presentaba: el Duot son un dúo de free jazz total y aventurado, y Ferran Fages practica una improvisación electroacústica muy basada en el sonido. Lo que me atraía era ver hasta que punto podían ser coincidentes ambos territorios. Cómo podían interaccionar dos lenguajes (¿o mejor decir 'formas de hablar'?) que, en principio, están algo alejados entre sí o que, en todo caso, tienen una zona de intersección más bien reducida (al menos a priori; siempre a priori.)

Cuando áreas de trabajo quedan lejanas, como era el caso, el esfuerzo que habrá que hacer para confluir será más grande. Pero no hay otro remedio que hacerlo. A mí me fascina ver esta clase de esfuerzos y el trabajo que comportan. Personalmente siempre me han gustado esos documentales que ponen su atención en el trabajo de la gente, como la escuela documental británica. Ahí importa tanto la clase de actividad de la que se trate, explicándola lo mejor posible, como la manera en que los hombres y mujeres se aplican a ella. Por lo que a mí respecta, es un placer verlos.

Un poco con este espíritu me dirigí la otra noche a 23 Robadors, pensando en valorar el simple esfuerzo como espectador y sabiendo de antemano que iba a ser un trance dificultoso (o complicado) para todos.

La larga improvisación (que completaron con un breve bis) tuvo varios momentos. Era de esperar que los dos miembros de Duot estuvieran en sintonía desde el mismo inicio, aunque me pareció que en esos primeros minutos se mantuvieron un poco a la expectativa. Ferran Fages entró en un período dilatado de probaturas diversas, buscando su espacio, su lugar. Tras una larga primera parte muy especulativa, pareció que todo se acomodaba con la llegada de una sección en la que los tres músicos encontraban un camino practicable: con unos rasgueos duros de la guitarra y una correspondencia de la percusión armaron una pseudo rítmica. A partir de ese momento, y aunque obviamente abandonaron esa parte, siguieron trabajando en la búsqueda de nuevos momentos de "estabilidad". A veces lo lograban, otras lo intentaban. Pero cuando lo conseguían, casi siempre lo hacían de un modo parecido al de la sección mencionada. Y con tenacidad, mucha tenacidad. En el conciso bis, por ejemplo, entraron y salieron en la misma posición. Probablemente vieron o sintieron que centrándose en unas pocas cosas les iba a ir mejor. Tal vez todo consistía, la otra noche, en encontrar un cauce y aprovecharlo. Pero, ¿cómo saberlo de antemano?

Ya que el concierto era de la serie "Duot invita", me parece importante señalar una cosa de ellos, y es su generosidad. Más allá de si son o no buenos músicos, una cosa que vengo observando en ellos, sobre todo cuando invitan a alguien a unírseles, es su gran generosidad y un espíritu abierto que no son nada comunes. Me refiero a que se amoldan a todas las circunstancias, sena las que sean, y el otro día fue una buena prueba de ello. Y que conste que los los he visto tocar con músicos de lo más distinto. Creo que otros ni siquiera lo intentarían, pero ellos, su Duot, ese proyecto que nunca estará acabado porque siempre está en vías de hacerse, se enriquece con experiencias como la del otro día. Lo bueno o malo son nociones secundarias. Irrelevantes, diría. Prats y Cirera son de esa clase de gente (músicos) que prefieren la experiencia al resultado. O al menos así es dentro de su Duot. Y estoy con ellos.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Homilía breve a los jóvenes soldados

Permítanme, ya que es domingo.

El siguiente razonamiento arranca en la entrada que ayer hicimos sobre Bobby Bradford y su consideración en la historia del jazz, y en concreto en algunos aspectos que quedaron en suspenso. Normalmente este tipo de pláticas solía hacerlas de viva voz y junto a la barra de algún bar, pero, como me he quitao, voy a servirme de este humilde púlpito para hacer la presente.

Desde tiempo inmemorial adquiero algunos suplementos culturales por inercia, por la más estúpida y pura de las inercias, y a pesar de los cabreos que con frecuencia me agarro. Hay épocas en las que resisto y hago huelga, pero como no soy muy constante ni voluntarioso, acabo por abdicar y volver a ello. Ayer volvió a pasar una vez más -lo de cabrearme-, y no será la última.

Les voy a decir qué es lo que más me fastidia. Cuando se ponen en plan "lo que hay que tener", como si los lectores fuéramos una panda de ignorantes. Canones por aquí, canones por allí; canones por arriba, canones por abajo. Ya no recuerdo de lo que se trataba exactamente ayer, pero da igual.

En medio del desatino general, una estupenda columna titulada "La cuestión del gusto" que venía firmada por el escritor y catedrático peruano Julio Ortega. Una reflexión sobre el "gusto" del que se desprendían cosas muy interesantes acerca de cómo abusamos de él. Cómo lo usamos para evitar el diálogo y encerrarnos aún más para así blindar nuestro solipsismo, como rejilla totalizadora, o simplemente como arma arrojadiza. Un fragmento fantástico:

"Hoy sabemos que el gusto personal es otra prueba de nuestra fugacidad. La historia literaria es, por ello, una economía del olvido: sólo recordamos gracias a lo mucho que olvidamos."
(...)

Tras una pausa para reflexionar sobre estas palabras, lo primero que me vino a la cabeza es que podíamos cambiar "literatura" por "jazz", o incluso dejar a la "historia" sola, sin más acompañantes que esos recuerdos y olvidos. El personaje de Bobby Bradford del que hablábamos ayer es uno de los incontables que se pierden por los bordes de estas canónicas listas.

Esto ocurre en todos los ámbitos y nos ocurre a todos. Sin embargo, hay responsabilidades distintas. Por ejemplo, un profesor que sólo enseña a sus alumnos aquello que está estipulado debe ser enseñado y lo que no lo está, no, es un caso muy distinto y más grave que el darle la brasa a un colega un día de excitación etílica (por poner un caso). Claro, no es cosa fácil, ¿quién decide lo que sí o lo que no? Tal vez la cosa sea que no hay que decidir nada. Los mejores profesores que he tenido se han caracterizado fundamentalmente por dos cosas. La primera, por no tratarme como a un ser inferior, inmaduro y estúpido. La segunda, por incitarme a buscar por mí mismo, y no por entregarme un menú cerrado en el que si uno gusta de algo que no está contenido en él, pues se tendrá que quedar sin ello.

Al hilo de esto, recupero una declaración del Bradford enseñante que venía en uno de los artículos enlazados ayer:
"I don't think you can teach creativity, exactly," Bradford explained. "You can tell people what you do to be creative and show them what others do. And there are some nuts and bolts -- you can say these things are present: One -- You have to have a healthy irreverence for what everybody else is doing; two -- you have to be willing to take risks; and three --you have to be really confident that what you're doing is for you. This is true not just for jazz, but for any kind of creative environment."
Muy claro, la creatividad no se puede enseñar, pero se puede alentar. Pero para ello hay que ser muy escrupuloso. Basarlo todo en los canones, las primeras figuras, los grandes nombres, etc., lo siento pero, no funciona. Es antitético.

Y todo esto es especialmente grave cuando se trata de gente joven, curiosa y ávida de conocimientos (y también de descubrir las cosas por uno mismo, lo cual es un gran placer), como debe ser. Así pues, jóvenes amigos, músicos o no, si tenéis la certeza o tan solo sospecháis que alguno de vuestros profesores os escatima algo u os impide pensar por vosotros mismos, levantar el vuelo y crecer; no lo dudéis ni un instante, dadle una patada en el culo.

Amén.


Hermano Lázaro
Capellán del hotel

martes, 21 de agosto de 2012

Selnik / Mezquida por el ojo de la aguja


Vamos a hacer un ejercicio de gimnasia mental, para que con esta canícula nadie se amuerme demasiado.
Vamos a hablar de una cosa en el estilo del huecorelieve (siempre en nuestra línea, más hueco que relieve).

El mediodía del lunes 20 de agosto, asistimos al concierto del dúo de Pablo Selnik y Marco Mezquida en la plaza Rovira y dentro de la fiesta mayor del barrio de Gracia. Eso era casi justo un año después de haberlos visto en otra plaza graciense, la de Rius i Taulet (la del reloj).

Llamamos estilo "huecorelieve" en nuestra particular e intransmisible jerga a aquella forma de referirse a una cosa sin mencionarla de un modo directo, explícito. ¿Dando rodeos, dirán? Ni tan siquiera. Diciendo lo que no está, lo que no es inherente de un modo físico o plausible a la cosa de la que en realidad se quiere hablar. Todo aquello que puede servirnos para referirnos a lo que nos queremos referir de un modo tangencial, sin que en el fondo nos importe qué piensan los propios protagonistas o los hipotéticos lectores. Este nuestro blog no es un blog crítico, es un blog paraperiodístico (o sea, que se las da de una cosa que no es.)

Pero, al trapo.

La noche antes de eso, la del domingo 19 de agosto, enganchamos una vieja película en la tele que habíamos visto tiempo ha, cuando la estrenaron. Una película de 1981 llamada El ojo de la aguja, dirigida por Richard Marquand, protagonizada por Donald Sutherland (genial, as usually) y basada en un best-seller de Ken Follet. El punto de partida es el de cualquier historia de espias ambientada en la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra. Ese subgénero, con sus distintas maneras de hacer, algo de intriga, algo de policiaco, mucho de ideología liofilizada, se extiende durante toda la primera parte de la película. Entonces, la segunda parte da un pequeño giro. El personaje principal (un espía alemán, en una de esas interpretaciones de Sutherland que valen una película... al menos en este caso), y con él la acción, se traslada a una de esas inhóspitas y aisladas islas del mar del Norte, llamada aquí "Storm Island" (que, de hecho, es el título original en inglés del libro). Da comienzo la segunda parte de la historia, o al menos de la película, que va a tener un tono y unas maneras distintas: sigue habiendo la trama de espionaje, pero los elementos que la sustentan se tornan más amenzazadores y misteriosos; el ambiente oscuro y tempestuoso sirve de telón para un melodrama en forma de historia de amor un punto exacerbada que se desarrolla entre una mujer que vive en la isla con su marido paralítico y su hijo, y "la Aguja", el frío y temible espia alemán. Podríamos decir que es otra película distinta.

En su momento recuerdo que El ojo de la aguja no me gustó demasiado. Tampoco en un pase televisivo posterior, ya en los años 90. Y siguió sin gustarme demasiado el otro día. No obstante, esa segunda parte es la que siempre me ha cautivado un poco. Supongo que más por su potencial o por lo que me sugiere que por lo que en sí contiene. Los realizadores le sacaron la conveniente punta para dar un relieve hasta cierto punto artificioso, para conseguir una especie de película a lo Rebeca: la música de Miklós Rózsa y la dramática fotografía de Alan Hume.

Esa parte siempre me ha gustado. O, mejor dicho, siempre he pensado que era un buen lugar en el que desarrollar algo. Años después, cuando vi Los otros, de Alejandro Amenábar, que también está ambientada en una pequeña isla entre Gran Bretaña y la Europa continental, volví a recordar aquella segunda parte de El ojo de la aguja. Pero, tampoco Los otros, que era un film de género (subgénero "de fantasmas") ofrecía aquello que yo esperaba secretamente me podía dar un lugar como aquel.

Pero, ¿qué esperaba? Nada en concreto. O, para ser más precisos, algo que se va formando en nuestro interior, en nuestro inconsciente, y que tiene que ver con cómo nos afectan psicológicamente los paisajes y cómo lo traducimos en forma de relatos íntimos que produce nuestra sensibilidad y que no pueden ser sujetos por las cortapisas de género alguno. Que no nacen como ningún género, ni siquiera  como una historia con principio y final. Son desarrollos libres, órganicos, sinapsis mentales dispuestas para ser montadas de la manera que mejor convenga.

Hay un ejemplo que podría acercarse a lo que digo, y es La hora del lobo de Ingmar Bergman. También ocurre en una isla y tampoco sabemos exactamente qué oprobio se cierne sobre ella y sus personajes. Como todas las películas del sueco, La hora del lobo es fascinante, una película que hipnotiza desde las primeras imágenes, y con un dinamismo mental tremendo. ¿Es adscribible a algún género? Niet.

¿Es que las cosas que no pertenecen o no están dentro de la política de los géneros son mejores que las que sí lo están? No, o no necesariamente. Pero, sí tienden a producir y crear sensaciones de una naturaleza muy distinta. Más libre, o que se relaciona con nuestro corazón y sentimientos de un modo más inequívoco. Frente a las plantillas y las estructuras de mecano que interponen los géneros y que, insisto, no están nada mal según cual sea el objetivo que se pretenda, frente a ello, digo, esta otra manera más interior se muestra mucho más adecuada a la hora de plantear cosas como el amor (así, en abstracto), el paisaje, los fenómenos físicos que nos rodean y frente a los que empequeñecemos... y en general, frente todo aquello que sentimos y nos cuesta expresar de un modo objetivo.

Es difícil que con la compartimentada educación que recibimos el artista pueda partir de algo que no tenga ninguna referencia. Es más, es casi imposible. Ese es, tal vez, el precio de la Cultura. Por eso es bueno liberar los géneros, pues es librerar la mente.

Eso es lo que siempre me ha gustado de la música de este dúo, su manera de interpelar más a nuestra sensibilidad, a nuestros corazones, que a nuestra razón, el que releguen la forma a un segundo plano (el imprescindible y justo segundo plano) y nada más.

Y sin otro particular, nos despedimos atentamente de todos ustedes.

La gerencia.



miércoles, 15 de agosto de 2012

Ahí se equivoca...

"Por eso les pagan a los putos ejecutivos tantísimo dinero;
porque cuando la mierda cae, cae toda encima de ellos..."
-'Stringer' Bell

Frase de uno de los mafiosos en la segunda temporada de la serie The Wire.
Sin duda, no es así aquí, y dudo mucho de que lo sea allí.
No obstante, lo inteligente es situar en el mismo plano a los "ejecutivos" de una y otra clase (legales, ilegales, alegales, prelegales y protolegales). Todos ellos comparten esas mismas falacias en las que dicen creer.

martes, 19 de junio de 2012

una cita dentro de una cita dentro de

Citamos un viejo texto de Jean-Marie Straub en el que citaba a Dreyer que a su vez citaba a...

"El escritor danés Johannes V. Jensen define el arte como 'una forma interpretada por el espíritu', definición que me parece perfecta. Chesterfield ve en el estilo 'el vestido de los pensamientos', otra definición simple y precisa, siempre y cuando el vestido no sea muy exagerado. Lo que caracteriza el buen estilo, en sí mismo sencillo y preciso, es que debe entrar con el contenido en una combinación tan íntima que produzca una síntesis. Si es demasiado atrevido e intenta atraer la atención deja de ser estilo para convertirse más bien en manierismo...".

Extraído del artículo "Dreyer feroz" de Jean-Marie Straub, publicado en diciembre de 1968 en la revista Cahiers du Cinéma.
Está compilado en el libro Escritos, de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, que acompañaba el volumen tercero de los cofres de dvd de estos cineastas que ha publicado Intermedio.

martes, 29 de mayo de 2012

De la escritura

"Tras un párrafo opaco siempre se oculta un ignorante o una trama delictiva." 

No he podido resistirme a poner esta frase que encontré ayer leyendo un viejo suplemento cultural que tenía por casa. Es del científico británico Peter Brian Medawar, y la citaba Javier Sampedro en un artículo sobre una biografía de Stephen Hawking.
No hay mucho que añadir (aparte de señalar el singular humor tan british que contiene).
Medawar obtuvo en 1960 el premio Nobel de Fisiología o Medicina  «por sus descubrimientos sobre la tolerancia inmunológica adquirida» (según la wiki). Además, destacó especialmente por su labor como divulgador de la ciencia.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Montaje de atracciones

"Otro cefalópodo de gran tamaño es Taningia danae, vulgarmente denominado en castellano "calamar gato", debido a la presencia de dos filas de garfios a lo largo de sus brazos, o también "pulopopota", porque los adultos únicamente tienen ocho brazos, al haber perdido los tentáculos en fase juvenil. La mayor hembra de esta especie se capturó en Asturias y pesa 164 kg. La aletas de estos animales son extremadamente anchas. Además, los ápices de los brazos dorso-laterales están engrosados debido al desarrollo de un fotóforo de gran tamaño, ambos recubiertos por un pliegue cutáneo que les permite mostrar u ocultar el órgano luminoso. La Taningia danae es una especie cosmopolita y oceánica. En la columna de agua se distribuye desde la superficie, sobre todo en el caso de los juveniles, hasta más de 1.000 m de profundidad (adultos). No obstante, estos animales también parecen desplazarse hasta cerca del fondo, tal y como sugiere la captura de la mayoría de los ejemplares de Asturias, realizada por barcos que operan con artes de arrastre demersal y bentónico. Los adultos poseen una coloración entre rojo burdeos y pardo castaño distribuida homogéneamente a lo largo de todo el animal. Se alimentan de peces pelágicos, crustáceos decápodos y cefalópodos. El dimorfismo sexual se manifiesta en que las hembras adultas son mucho mayores que los machos, y en qué estos poseen un pene que sobresale del manto."

[¿Qué sabemos de?] El calamar gigante,
Ángel Guerra Sierra i Ángel F. González González,
(Consejo Superior de Investigaciones Científicas/Los Libros de la Catarata, 2009)


Agost by Musica Urbana on Grooveshark 

CEFALÓPODOS DEL MUNDO, ¡UNÍOS!

jueves, 17 de mayo de 2012

La política

"La política es como el cerdo, se aprovecha todo.
De ahí la forma de chorizo del hemiciclo."

Accidents Polipoètics

miércoles, 11 de enero de 2012

A pensar...

"Cualquier músico que no haya sentido -no comprender, sino sentir- la exigencia del lenguaje dodecafónico es un inútil. Toda su obra irá a remolque de las necesidades de la época."

Pierre Boulez

Más allá de la impetuosidad en la forma de expresarlo -creo que se trata de una cita de los años 50-, tras este aserto hay mucho más de lo que parece. Es una declaración estética pero también de principios. Como todo, como absolutamente todo en esta vida, discutible. Como debe ser.

jueves, 15 de diciembre de 2011

en términos gripales

Rigor, seriedad y coherencia, términos que como sólido/solidez, que ya mencionamos no hace mucho, todo periodista, aficionado y ciudadano debería desterrar de su vocabulario crítico, al menos a la hora de hablar de música.
Están demasiado infectados de sentidos.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

The murder of Fred Hampton


"Era un documental sobre este tipo llamado Fred Hampton, que era un líder de los Panteras Negras de Chicago y que organizaba desayunos para los niños. Fue cazado por sorpresa una noche en su cama: la policía disparó a través de las paredes, y lo asesinó así, a través de la pared. Mientras la cámara recorría la habitación del tiroteo, debajo de la cama se veían unos cuantos discos. El primero del montón, tío, manchado de sangre, era Out to lunch!, de Dolphy. En ese momento relacioné que lo que esos tíos estaban diciendo y la música que escuchaban había salido de las mismas cabezas (lo llevaban en el cuerpo, en el caminar, en el aire)."

Declaración del saxofonista Frank Lowe recogida en el libro A Love Supreme y John Coltrane. La historia de un álbum emblemático, de Ashley Kahn.



Vi The murder of Fred Hampton (1971), de Howard Alk, a mediados de los 80 en la Filmoteca de Barcelona dentro del extenso y riguroso ciclo "Nicholas Ray y su tiempo" que Víctor Erice y Jos Oliver montaron sobre el cineasta norteamericano, no sólo con sus films sino con trabajos vinculados directa o indirectamente con él y con su obra.
La relación de Ray con este sobrecogedor documental fue a través de la productora The Film Group de Chicago.
A finales de los años 60, desencantado definitivamente con la manera standard de producir películas, Ray se había ido acercando a métodos de producción más flexibles, directos y livianos, como también haría Elia Kazan y algún que otro director más de su misma generación.
El empleo de las ligeras cámaras de 16 mm y de los magnetófonos portátiles le permitiría hacer sus primeros pinitos como documentalista. En aquellos airados y revueltos tiempos, en los que siempre pasaba algo digno de ser filmado en cualquier parte, Ray se acercó a Chicago para seguir la célebre Convención Nacional Demócrata de 1968, muy conocida porque acabó como el rosario de la aurora, con manifestaciones, disturbios, represión policial, detenidos y encausados. A raíz de esos acontecimientos, dos años más tarde varios "agitadores" serían juzgados por conspiración para la violencia, aunque finalmente la causa sería sobreseída. Entre ellos estaban los yippies (del Youth International Party) Abbie Hoffman y Jerry Rubin, o Bobby Seale, un importante dirigente del Black Panther Party. Graham Nash dedicó una de sus canciones más famosas ("Chicago") a los hechos que se produjeron durante la celebración de la Convención.

La mayoría del material que en aquellos años filmó Ray, de contenido bastante político y también personal, como el que hizo durante la Convención Demócrata, ha quedado inédito. Una pequeña parte puede verse en su largometraje independiente, ensayístico y autobiográfico We can't go home again (1973-1979).

Volviendo a la relación de Ray con The murder of Fred Hampton, y aunque no figure en los créditos, esta se concretó en que Ray prestó parte de su material de rodaje al grupo que en aquel entonces estaba rodando, simplemente, un documental sobre el Black Panther Party y sus actividades en la ciudad de Chicago y suburbios.
Al iniciarse la filmación de la película, nadie del equipo sabía que lamentablemente serían testigos del asedio policial al domicilio de Hampton y que acabarían filmando el asesinato del líder negro.

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A Love Supreme y John Coltrane. La historia de un álbum emblemático, con copyright de Ashley Kahn de 2002, fue publicado en 2004 en España por Alba Editorial, con traducción de Marc Rosich.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Sobre el respeto

Viendo un documental sobre Peter Brötzmann, viendo el modo en que se relaciona con la gente joven que toca con él, y al mismo tiempo como estos jóvenes le respetan, pensé que en la transmisión cultural el respeto hacia los mayores no se da por el hecho de que lo sean sino porque se es consciente de con lo que se está trabajando (el legado, las influencias, las referencias, la cita).
Al mismo tiempo, que también hay que desconfiar de esa veteranía que desdeña sistemáticamente la juventud, sus inquietudes, sus dudas, su búsqueda.
Pero, en ese juego de espejos constante hay que tener bien claro que la corriente de responsabilidad siempre irá en sentido descendente.

lunes, 31 de octubre de 2011

Bloguear no es escribir, es un grafiti con signos de puntuación

Ayer fuí a ver Contagio, la película dirigida por Steven Soderbergh. De los diálogos del film proviene el título de esta entrada. El doctor Sussman, un especialista en virus que interpreta Elliott Gould, se lo suelta a un periodista sin periódico, esto es, un bloguero díscolo (Jude Law).

Soderbergh es un tipo interesante. Combina la realización de películas alimenticias con otras que valen la pena (incluso tiene una obra maravillosa, El halcón inglés), o que como mínimo contienen elementos que llevan un poco más allá a lo que podría ser un film de género del montón. Contagio podría ser uno de esos telefilms que los domingos por la tarde emiten las cadenas de televisión, sin duda con el loable objetivo de que los espectadores se echen unas buenas siestas, pero es más que eso.

Aunque sin ser la reostia, hay algunas cosas apreciables en esta película. Por ejemplo, como subraya negativamente el que un alto cargo del departamento de control de epidemias de EE UU utilice la información privilegiada de que dispone para salvar a un miembro de su familia, mientras el resto de la población vive en la inopia. Este hecho suele verse con frecuencia en el tipo de telefilms ya mencionados, y además suele verse como un hecho absolutamente normal, incontestable: "si es su esposa, cómo no la va a salvar". No es que en la película de Soderbergh se moralice estérilmente al respecto sino que de un modo muy realista se plantea en términos éticos: aunque es difícil que alguien pueda luchar contra sus sentimientos, eso no significa que no se pueda y deba hacer una lectura ética -negativa, en este caso.

La historia es bastante coral, cosa que creo imprescindible para hacer un trabajo sobre una pandemia. Y aún podría serlo más, pero mantiene todavía los consabidos personajes que suelen hacer de anclaje para la historia (aunque también hay que decir que a algunos los mata rápido). Y me parece que para hacer un film sobrecogedor sobre un tema así aún habría que ir más lejos. Hasta Eisenstein y su cine con, de y para masas. Un Octubre del cine apocalíptico. También debería ser una película que ofreciera un recorrido por distintas partes del mundo. Algo de esto también hay en Contagio, pero no es suficiente.

La historia del virus que expone Contagio tiene relación con el virus Hendra, una extraña zoonosis (hoy por hoy, tal vez la amenaza más temida, el que una infección potente pueda pasar de animales a humanos) descubierta en Australia en 1994. El huésped natural es un murciélago y antes de pasar a los humanos hay un paso por un huésped intermedio (en el caso del Hendra, el caballo; en el de la película, el cerdo).

El supuesto film ideal podría iniciarse con las evoluciones reales de unos virus vistos al microscopio. No recreaciones infográficas. Y como el daño no lo oímos, pero sabemos de él y de su funcionamiento, que mejor que una música taladrante y amenazadora.






Esto que han oído es una pieza de los primeros Einstürzende Neubauten, no de la película. Sin embargo, la música de la película no está nada mal. Es básicamente electrónica y es de Cliff Martinez, que ha firmado casi todas las bandas sonoras de los films de Soderbergh y que, como dato curioso, diremos que fue batería en la última Magic Band del Captain Beefheart.

Es bueno eso del grafiti con signos de puntuación. De verdad. Y todo un honor. En el libro de Adorno Teoría estética había un capítulo muy cortito que se llamaba "La imaginación del signo" y que trataba justamente de todas las posibilidades que nos ofrece la puntuación: la coma, los varios puntos, el guión y el paréntesis...

Como los tags que proliferan por las paredes de las ciudades, bloguear es algo vírico.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Una verdad como un puño

–¿Sabe usted –le preguntó–, lo que dijo un día el gobernador de Carolina del Sur al de Carolina del Norte? «Me parece –dijo este profundo pensador–, que el tiempo que media entre dos copas de aguardiente es siempre demasiado largo.»

Michael a Pitman en las Aventuras de un cadáver (The wrong box), de Robert Louis Stevenson (traducción: Gerardo Escodín; editorial Bruguera, 1981).

sábado, 8 de octubre de 2011

Mea culpa: Jan Palach (1948-1969)

Ayer recibí un comentario que me ha hecho reflexionar. Alguien, anónimo, me hizo ver un error que había cometido, y lo hizo con amabilidad. Primero de todo quiero expresarle mi gratitud.

Ahora vamos a contar los pormenores de la entrada y del error, que creo que pueden ser de utilidad general. El error lo cometí a finales de agosto del año pasado, al volver de vacaciones. Fue en una de las entradas que etiqueté como český post, "entradas checas", y que hice con motivo de mi entonces reciente viaje a Praga. Es una entrada que se llama "Jan Palach (1948-1969)", y en ella quise hacer un modesto homenaje al estudiante de filosofía que el 19 de enero de 1969 se quemó a lo bonzo para protestar por la entrada de las fuerzas soviéticas en Praga en agosto de 1968. Quise homenajearlo a él, ya que yo también fuí estudiante de filosofía y tampoco acabé la carrera, aunque me temo que no tengo el valor para hacer lo que él hizo; y quise homenajear también a Nanni Moretti, el director de cine italiano que en una de sus películas, Caro diario, recorre con su scooter el lugar en el que fue asesinado Pier Paolo Pasolini. A mí esa parte siempre me ha gustado, pues me parece que Moretti fue muy generoso al invitarnos a visitar con él esa zona suburbana de Roma que de otro modo mucha gente no habríamos visto nunca.

Así que quería hacer un plano que recorriera, más o menos, el trayecto que hizo Jan Palach el día que se autoinmoló en la gran plaza de Wenceslao de Praga. Además, si no recuerdo mal, esa entrada la pensé unos días antes de visitar esa zona de Praga. Es decir, ya sabía que quería hacer ese plano con la cámara para luego hacer una entrada.

De vuelta a Barcelona, una vez me puse a hacer las distintas entradas de los český post, recuerdo que quería poner el clip y un breve texto. Esa era la primera idea. Pero, entonces, cometí el error. En lugar de realizar esa primera idea (que normalmente son las buenas), me lié y por curiosidad empecé a mirar por Google cosas relacionadas con Jan Palach. Entonces, supongo, encontré una foto y la colgué. Quisé "ilustrar" (¡qué palabreja de mierda!) un poquito más la entrada, como si hiciera falta ilustrar una entrada de la gravedad y seriedad de esta. Era una foto en blanco y negro y supongo que me la colaron como de Jan Palach. Bien, pues no es de él. Este contribuyente anónimo me ha dicho que la foto es del polaco Ryszard Siwiec, que se pegó fuego en Varsovia en 1968 por parecidas razones. Lo he comprobado, y es cierto. Copio el comentario, está en inglés, pero se entiende perfectamente:

This picture above shows the self-immolation of Ryszard Siwiec in Warsaw in 1968. In similar time, for similar reason, but it's not Jan Palach. Regards!

Bien, ¿qué podemos extraer de todo esto? Pues al menos dos cosas importantes. Pensar en las primeras ideas como una buena base. Analizar todo lo que se piense a partir de ellas para ver si el motivo es para realmente mejorar la primera idea o simplemente para hacerla más bonita. Y, en este último caso, desechar por sistema todo aquello que no aporte nada sustancial a la idea.

Y la segunda cosa que podemos extraer, que todos sabemos de sobras pero en la que seguimos cayendo, es la de no fiarnos del Google ni de otros buscadores. No es una buena manera de encontrar cosas, ni es una buena manera de trabajar. Se lo digo a mi hijo cuando ha de hacer trabajos para el cole. (Recuerdo que fue en Praga cuando mi hijo y yo vimos por primera vez una camiseta que ustedes habrán visto, y cuya divertida leyenda es "Fuck Google, Ask me". ¿Premonitorio?). Lo sabemos, pero seguimos cayendo en ello.

Ahora voy a ponerles la entrada como debía haber aparecido en su momento. Y daré un dato curioso: la entrada sobre Jan Palach ha sido la segunda más vista de este blog, con mucha diferencia sobre la tercera. Lo cual me sorprende, pues es una entrada que hice sin ninguna pretensión. Era una entrada estival, un poco como de relleno. Bien, pues ahí va corregida (y no aumentada):

El 19 de enero de 1969, el estudiante de filosofía Jan Palach se prendía fuego en la escalinata del Museo Nacional de Praga, frente a la inmensa plaza de Wenceslao, en protesta por la entrada en la capital checa de fuerzas del Pacto de Varsovia que habían llegado el 21 de agosto de 1968 con objeto de reprimir el ambiente y las ansias de libertad que se habían generado tras la Primavera de Praga.



A Nanni Moretti.

jueves, 6 de octubre de 2011

Agua, movimiento

En La Vanguardia de ayer, entrevista con Takashi Asano, un ambientalista (no de música sino de medio ambiente) pionero en las técnicas de reutilización del agua. Es presentado como "gurú del reciclaje del agua" (!?!?).

Leo. "Beberemos y desbeberemos la misma agua mil veces", se foguea. "El agua irá del váter al grifo, y si quiere puede usar esta frase como titular", recomienda al periodista. "Soy ingeniero y sería exacto precisar que el agua de su váter, después de ser saneada y potabilizada, volverá a ser utilizada como agua de boca".

Objección: el periodista no sabe si bebería de eso. "Usted tiene un prejuicio cultural. Lo ha de superar porque está juzgando el agua no por su calidad sino por su historia".

Esto último me tiene absorbido durante media mañana.

La cosa es que técnicamente ya se puede hacer. El agua, tras pasar varias veces por el inodoro, se podrá volver a beber. "Podemos coger agua del alcantarillado y con el procesamiento adecuado convertirla en agua perfectamente limpia, inodora, segura, potable y con buen gusto."

"Beberemos y desbebebremos la misma agua mil veces".

Me pregunto qué será ahora del fragmento 12 de Heráclito: "Aguas distintas fluyen sobre los que entran en los mismos ríos. Se esparce y... se junta... se reúne y se separa... se acerca y se va".