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domingo, 2 de diciembre de 2012
10º In-Edit, BCN, octubre/noviembre de 2012
Un año más, cosas vistas y oídas en el festival In-Edit a través de nuestra particular selección, que pasamos a enumerar:
- Planet Rock: The Story of Hip Hop and the Crack Generation (Richard Lowe y Martin Torgoff; EE. UU., 2011; 85’).
- Jimmy Rosenberg – the Father, the Son & the Talent (Jeroen Berkvens; Holanda, 2006, 78’).
- Tropicália (Marcelo Machado; Brasil, 2012, 87’).
- Ornette: Made in America (Shirley Clarke; EE.UU., 1985, 78’).
- On the Fly: Cecil Taylor (Elena Vilallonga; España, 2012, 37’).
- Under African Skies (Joe Berlinger; EE.UU., 2012, 102’).
Hemos tardado un poquito, pero...
Si lo desean, pueden leerlo en Tomajazz.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Comentario del film To de re per a mandolina i clarinet
En el anterior post enlazábamos con el artículo que hemos hecho a partir de algunos de los films proyectados en el reciente festival In-Edit. Uno de ellos era To de re per a mandolina i clarinet, un trabajo dirigido por Jordi Turtós y que versa sobre la onda layetana. Como es un tema que siempre nos ha interesado mucho -aunque ya empezamos a estar un poco hartos de él, también hay que decirlo- hemos hecho un despiece de la crónica general poniendo en este post aparte lo dicho sobre este film. Leedlo sólo aquellos a los que interese el tema, el resto id a hacer un vermut. Ahí va.
De las 8 pelis que he tratado este año, la extensión del comentario de To de re... ha sido la mayor con diferencia. Esto se explica por lo que comentaba antes acerca de que es un tema frente al que estoy epecialmente sensibilizado. Vuelta a leer la reseña esta mañana, creo que lo de menos en ella es el tema layetano en sí, y se centra más en el método empleado. No sé si es una buena óptica o no, pero es la que surgió del visionado. A veces, la cosa es también el viaje que haces hacia ella. El asunto es la manera de explicarlo. Y especialmente en los contenidos históricos, todo aquello entre lo que media un lapso de tiempo. Con la historia andamos siempre a vueltas. Somos un animal esencialmente histórico. No obstante, el enfoque que me interesa de la historia es el que se conjuga en presente/futuro. El que nos cuenta más sobre lo que somos que sobre lo que fue. La historia como brújula con la que dirigirnos. No soy historiador. Por eso me preocupó la visión que entendí se desprendía del film, pues me remitía a la inconsistencia actual. Pero es sólo mi opinión, ni más ni menos. Y, por supuesto, prefiero estar equivocado y poder decirlo.
Ah, una última cosa, aquellos que no hayan visto el documental todavía pueden hacerlo en una página de TV3:
http://www.tv3.cat/videos/3798930
Sobre To de re per a mandolina i clarinet, de Jordi Turtós
Por el tema tratado tenía muchas ganas de ver el documental To de re per a mandolina i clarinet, producido por Televisió de Catalunya con el concurso de TVE, y dirigido por el crítico Jordi Turtós. Como muchos sabrán “To de re per a mandolina i clarinet” era uno de los temas más conocidos de la Orquestra Mirasol y acabó convirtiéndose en la pieza emblemática de la “ona laietana”, movimiento musical breve pero fecundo que tuvo lugar en la Barcelona de mediados de los 70. Así que el tema era sobre la música layetana, Zeleste y todo lo que gravitó alrededor de ello. La Orquestra Mirasol fue el grupo que daría el pistoletazo de salida de esta movida y por tanto era de rigor un título que, además, va asociado a una inconfundible melodía. Y querría decir aún otra cosa antes de entrar en materia, y es que es de loar cualquier empeño en recuperar todo aquello que al parecer fue engullido por una laguna de la memoria del tamaño del mar Caspio. Y si se hace en una televisión (pública, pues para estas cosas las otras es como si no existieran), aún tiene más mérito pues todos sabemos como las gastan en esa clase de instituciones. Pero, no obstante esto, salí decepcionado. Esperaba otra cosa y sentí –una sensación personal, lo admito– que se había desaprovechado otra oportunidad de iluminar todo aquello. Veamos por qué.
Uno de los principales inconvenientes que pesa sobre To de re… estaría relacionado con el sesgo demasiado anecdótico que acaba tomando. El documental se articula sobre una plantilla cronológica en la que se comienza escuchando piezas importantes para la eclosión del movimiento, muchas de ellas provenientes de filmaciones televisivas, lo que está muy bien. Por ejemplo, la “Sardana flamenca” de Toti Soler, que pertenece a otro de los LP clave de esta movida (El gat blanc, 1973) o “No juguis amb set miralls” de la Mirasol. Al mismo tiempo van apareciendo fragmentos de entrevistas con algunos de los protagonistas. Y, en paralelo a todo ello, se filma una reunión protagonizada por tres músicos y un crítico de generaciones posteriores que se preguntan o hablan de los layetanos.
Los fragmentos musicales están muy bien, unos eran conocidos y otros no tanto (si se hiciera una versión en DVD sería estupendo en los extras poner las actuaciones íntegras), y en concreto es impagable un ensayo de Xavier Batllés y Víctor Ammann en la casa de Mirasol. La mayoría proceden de espacios de TVE, como “Popgrama”, “Musical Express”. A continuación tenemos las entrevistas con la gente de la época. Y aquí ya hay de todo. No es un problema exclusivo de este trabajo ni es responsabilidad de los realizadores el que haya gente que no acierte a decir nada interesante, pero llegado el caso no ha de temblar el pulso y hay que eliminar la aparición en cuestión. Tenemos por un lado músicos que militaron en grupos layetanos, también a la gente que llevaba la sala, sello y promotora Zeleste (Víctor Jou y Rafael Moll), que era el vector alrededor del que se aglutinó toda la movida, y para acabar hay gente que no se sabe muy bien que pinta, caso del ubicuo Pau Riba, que viene a decir que ni le gustaba ni le gusta la cosa layetana. Así pues, ¿qué hace ahí? Se podría argumentar que aporta una mirada crítica diciendo cosas como que los layetanos “tocaban de huevos pero, ¿qué querían decir?”; aunque a mí lo que esto me parece es más bien un chascarrillo. Finalmente, tenemos la reunión de jóvenes que dialogan sobre el fenómeno. El problema es que parecen peces fuera del agua. Básicamente por dos razones. La primera, porque todas esas secuencias están montadas como si fuera un vídeo clip, cabalgando los audios de un modo bestial (craso error). La segunda, porque sigo sin entender bien la selección de los personajes. Dos casos de los cuatro elegidos lo ilustran: por un lado está Roger Mas, que parece que le importa todo aquello y que se ha tomado la molestia de pensar en ello (de hecho a Mas se le utiliza como hilo conductor a través de una voz en off), y después tenemos a Ramon Faura, al que parece importarle un pito todo aquello. Conclusión: tampoco entiendo qué hace este último ahí. (Hay que vigilar porque esta gente tan enrollada que se presta a hablar de todo cada vez se parece más a los “opinadores” de TV).
Pero, lo que realmente echo en falta en este documental es algo de lo que adolecen muchos documentales sobre música, y es la dimisión de la parcela crítica. Es decir, si aceptamos que cuando se escribe un artículo ha de haber una óptica crítica, ¿por qué demonios cuando se hace un documental ha de obviarse dicha óptica? El problema aquí es que a excepción de determinadas intervenciones (Batllés, Amargós, Saura) nadie explica realmente el sino de aquella interesante música, lo diferencial (que creo que es algo mucho más amplio que lo del tema de las raíces). Se explican anécdotas, cosas divertidas, etc., y parece que hay una gran preocupación en interpretar aquella parte de la historia musical en continuidad dentro de la Historia musical de Barcelona. O esa obsesión con hablar de la canço. ¡Si la mayoría de ellos la debía aborrecer! Otra cosa es que la música del segundo LP de Ovidi Montllor (Crònica d’un temps, 1973) parezca en algunos momentos el Bitches Brew, como señala Sisu Coromina de Tarannà, uno de los “jóvenes” de la reunión. Pero esto se explica porque los músicos que en aquel momento acompañaban a Ovidi eran Batllés y Ammann, que estaban a tan sólo unas semanas de montar la primera Mirasol. En cambio, se obvia un aspecto que creo que hubiera sido mucho más relevante, como es enfocarlo de un modo transversal con respecto de experiencias similares que se estaban produciendo en distintas partes del mundo en ese mismo momento (por ejemplo, la RTB de Belgrado en Yugoslavia, las formaciones eléctricas de Urbaniak en Polonia, el sonido de Canterbury en Inglaterra, Oregon en EE. UU., Pascoal en Brasil, etc. etc. etc.), ya que también trabajaban con presupuestos como: el jazz-rock o la fusión entendidos como un recipiente en el que verter lo local, lo particular (y no se trata de priorizar una cosa u otra, pero en este caso es tan importante la ensalada como la ensaladera). Porque, de lo contrario, parecería como si lo layetano hubiera sido una cosa de ciencia infusa. Y, claro, esto no funciona así.
Buena parte del jaleo en realidad viene por esa definición de “layetano” que un buen día se sacó de la manga Gato Pérez, creo que más como un ardid comercial que como la descripción de una forma musical (hay que decir que a principios de los 70 Gato trabajaba en una discográfica). Pero, lamentablemente ya no sabremos nunca el por qué de “layetano”, es algo que el Gato se llevó consigo. Pero, lo que sí cabría hacer es poner algo de orden en aquel heterogéneo grupo de músicos, y tampoco se hace en el film. Porque, ciertamente la mayoría practicaban esa especie de fusión con raíces (unas raíces que no sólo sujetaban lo folk sino también la tradición culta), aunque con diferencias muy notables entre los grupos (la Dharma, Iceberg, Música Urbana o Blay Tritono no tenían nada que ver entre ellos), pero luego estaban todos aquellos que iban por libre, como el cantautor galáctico Sisa (hablamos de la época de sus Qualsevol nit pot sortir el sol y Galeta galàctica), el neofolk tan especial y original de La Rondalla de la Costa, el rock’n’roll más urbano y poético de Oriol Tramvia, o los pioneros de la cosa del baile que fueron la Orquestra Plateria, por no hablar de las inacabables jams rockeras de Esqueixada Sniff (más inspiradas por la pomada o las barretxes que por el ácido, todo hay que decirlo). Como digo, un jaleo. Lo más curioso del caso es que días después del estreno en el festival, en una entrevista al director Jordi Turtós, este daba un punto de vista muy válido sobre todo aquello, apuntando que la incorporación de las raíces musicales tal vez vino dada de un modo más natural del que cabe pensar y que pudo ser debido al hecho de que los músicos –esencialmente progresivos en aquel momento– estaban adquiriendo una solvencia importante. Un punto de vista interesante y que sin embargo no está en To de re… Me extrañó, la verdad. Y hubiera preferido más comentarios de este tipo, del propio Turtós o de su guionista, Roger Roca, que algunas intervenciones que bajo mi punto de vista caen demasiado en lo “folklórico”. Es una pena, pues la intención era buena y es necesario un trabajo como este. El problema de fondo me parece que sigue siendo muy común a este tipo de producciones, y es que se naufraga ante las convenciones del medio televisivo. Por ejemplo, ese artificio que se va espolvoreando por todo el documental y que consiste en reconstruir la sala Zeleste. Un recurso que ni cuenta ni aclara nada, sólo supone un gasto y trasluce que lo espectacular ha neutralizado el juicio.
Siguiendo de un modo cronológico, la cosa acaba con una serie de divagaciones corales alrededor de la cuestión de por qué se fue al garete todo aquello. Y aquí hay de todo: la irrupción de la música de baile, la profesionalización que esto comportó, la victoria del individualismo sobre el colectivismo, el punk, Madrid… «Tants caps, tants barrets», que se dice en Catalunya. De todos modos, lo más probable es que desapareciera porque tenía que desparecer, y porque ya había desaparecido o estaba despareciendo en otros países. La mayoría de los músicos que en los 70 estaban en bandas de fusión se pasaron, ya en los 80, a lo acústico y a una especie de “neoclasicismo”, una recuperación de modelos o géneros jazzísticos del pasado (en algunos casos actualizándolos y en otros no). Otra cosa es, ¿por qué durante tantos años nadie habló de aquello, dando la impresión –como apunta Zarita– que se les había condenado al ostracismo? Al menos To de re per a mandolina i clarinet viene a paliar eso.
Por el tema tratado tenía muchas ganas de ver el documental To de re per a mandolina i clarinet, producido por Televisió de Catalunya con el concurso de TVE, y dirigido por el crítico Jordi Turtós. Como muchos sabrán “To de re per a mandolina i clarinet” era uno de los temas más conocidos de la Orquestra Mirasol y acabó convirtiéndose en la pieza emblemática de la “ona laietana”, movimiento musical breve pero fecundo que tuvo lugar en la Barcelona de mediados de los 70. Así que el tema era sobre la música layetana, Zeleste y todo lo que gravitó alrededor de ello. La Orquestra Mirasol fue el grupo que daría el pistoletazo de salida de esta movida y por tanto era de rigor un título que, además, va asociado a una inconfundible melodía. Y querría decir aún otra cosa antes de entrar en materia, y es que es de loar cualquier empeño en recuperar todo aquello que al parecer fue engullido por una laguna de la memoria del tamaño del mar Caspio. Y si se hace en una televisión (pública, pues para estas cosas las otras es como si no existieran), aún tiene más mérito pues todos sabemos como las gastan en esa clase de instituciones. Pero, no obstante esto, salí decepcionado. Esperaba otra cosa y sentí –una sensación personal, lo admito– que se había desaprovechado otra oportunidad de iluminar todo aquello. Veamos por qué.
Uno de los principales inconvenientes que pesa sobre To de re… estaría relacionado con el sesgo demasiado anecdótico que acaba tomando. El documental se articula sobre una plantilla cronológica en la que se comienza escuchando piezas importantes para la eclosión del movimiento, muchas de ellas provenientes de filmaciones televisivas, lo que está muy bien. Por ejemplo, la “Sardana flamenca” de Toti Soler, que pertenece a otro de los LP clave de esta movida (El gat blanc, 1973) o “No juguis amb set miralls” de la Mirasol. Al mismo tiempo van apareciendo fragmentos de entrevistas con algunos de los protagonistas. Y, en paralelo a todo ello, se filma una reunión protagonizada por tres músicos y un crítico de generaciones posteriores que se preguntan o hablan de los layetanos.
Los fragmentos musicales están muy bien, unos eran conocidos y otros no tanto (si se hiciera una versión en DVD sería estupendo en los extras poner las actuaciones íntegras), y en concreto es impagable un ensayo de Xavier Batllés y Víctor Ammann en la casa de Mirasol. La mayoría proceden de espacios de TVE, como “Popgrama”, “Musical Express”. A continuación tenemos las entrevistas con la gente de la época. Y aquí ya hay de todo. No es un problema exclusivo de este trabajo ni es responsabilidad de los realizadores el que haya gente que no acierte a decir nada interesante, pero llegado el caso no ha de temblar el pulso y hay que eliminar la aparición en cuestión. Tenemos por un lado músicos que militaron en grupos layetanos, también a la gente que llevaba la sala, sello y promotora Zeleste (Víctor Jou y Rafael Moll), que era el vector alrededor del que se aglutinó toda la movida, y para acabar hay gente que no se sabe muy bien que pinta, caso del ubicuo Pau Riba, que viene a decir que ni le gustaba ni le gusta la cosa layetana. Así pues, ¿qué hace ahí? Se podría argumentar que aporta una mirada crítica diciendo cosas como que los layetanos “tocaban de huevos pero, ¿qué querían decir?”; aunque a mí lo que esto me parece es más bien un chascarrillo. Finalmente, tenemos la reunión de jóvenes que dialogan sobre el fenómeno. El problema es que parecen peces fuera del agua. Básicamente por dos razones. La primera, porque todas esas secuencias están montadas como si fuera un vídeo clip, cabalgando los audios de un modo bestial (craso error). La segunda, porque sigo sin entender bien la selección de los personajes. Dos casos de los cuatro elegidos lo ilustran: por un lado está Roger Mas, que parece que le importa todo aquello y que se ha tomado la molestia de pensar en ello (de hecho a Mas se le utiliza como hilo conductor a través de una voz en off), y después tenemos a Ramon Faura, al que parece importarle un pito todo aquello. Conclusión: tampoco entiendo qué hace este último ahí. (Hay que vigilar porque esta gente tan enrollada que se presta a hablar de todo cada vez se parece más a los “opinadores” de TV).
Pero, lo que realmente echo en falta en este documental es algo de lo que adolecen muchos documentales sobre música, y es la dimisión de la parcela crítica. Es decir, si aceptamos que cuando se escribe un artículo ha de haber una óptica crítica, ¿por qué demonios cuando se hace un documental ha de obviarse dicha óptica? El problema aquí es que a excepción de determinadas intervenciones (Batllés, Amargós, Saura) nadie explica realmente el sino de aquella interesante música, lo diferencial (que creo que es algo mucho más amplio que lo del tema de las raíces). Se explican anécdotas, cosas divertidas, etc., y parece que hay una gran preocupación en interpretar aquella parte de la historia musical en continuidad dentro de la Historia musical de Barcelona. O esa obsesión con hablar de la canço. ¡Si la mayoría de ellos la debía aborrecer! Otra cosa es que la música del segundo LP de Ovidi Montllor (Crònica d’un temps, 1973) parezca en algunos momentos el Bitches Brew, como señala Sisu Coromina de Tarannà, uno de los “jóvenes” de la reunión. Pero esto se explica porque los músicos que en aquel momento acompañaban a Ovidi eran Batllés y Ammann, que estaban a tan sólo unas semanas de montar la primera Mirasol. En cambio, se obvia un aspecto que creo que hubiera sido mucho más relevante, como es enfocarlo de un modo transversal con respecto de experiencias similares que se estaban produciendo en distintas partes del mundo en ese mismo momento (por ejemplo, la RTB de Belgrado en Yugoslavia, las formaciones eléctricas de Urbaniak en Polonia, el sonido de Canterbury en Inglaterra, Oregon en EE. UU., Pascoal en Brasil, etc. etc. etc.), ya que también trabajaban con presupuestos como: el jazz-rock o la fusión entendidos como un recipiente en el que verter lo local, lo particular (y no se trata de priorizar una cosa u otra, pero en este caso es tan importante la ensalada como la ensaladera). Porque, de lo contrario, parecería como si lo layetano hubiera sido una cosa de ciencia infusa. Y, claro, esto no funciona así.
Buena parte del jaleo en realidad viene por esa definición de “layetano” que un buen día se sacó de la manga Gato Pérez, creo que más como un ardid comercial que como la descripción de una forma musical (hay que decir que a principios de los 70 Gato trabajaba en una discográfica). Pero, lamentablemente ya no sabremos nunca el por qué de “layetano”, es algo que el Gato se llevó consigo. Pero, lo que sí cabría hacer es poner algo de orden en aquel heterogéneo grupo de músicos, y tampoco se hace en el film. Porque, ciertamente la mayoría practicaban esa especie de fusión con raíces (unas raíces que no sólo sujetaban lo folk sino también la tradición culta), aunque con diferencias muy notables entre los grupos (la Dharma, Iceberg, Música Urbana o Blay Tritono no tenían nada que ver entre ellos), pero luego estaban todos aquellos que iban por libre, como el cantautor galáctico Sisa (hablamos de la época de sus Qualsevol nit pot sortir el sol y Galeta galàctica), el neofolk tan especial y original de La Rondalla de la Costa, el rock’n’roll más urbano y poético de Oriol Tramvia, o los pioneros de la cosa del baile que fueron la Orquestra Plateria, por no hablar de las inacabables jams rockeras de Esqueixada Sniff (más inspiradas por la pomada o las barretxes que por el ácido, todo hay que decirlo). Como digo, un jaleo. Lo más curioso del caso es que días después del estreno en el festival, en una entrevista al director Jordi Turtós, este daba un punto de vista muy válido sobre todo aquello, apuntando que la incorporación de las raíces musicales tal vez vino dada de un modo más natural del que cabe pensar y que pudo ser debido al hecho de que los músicos –esencialmente progresivos en aquel momento– estaban adquiriendo una solvencia importante. Un punto de vista interesante y que sin embargo no está en To de re… Me extrañó, la verdad. Y hubiera preferido más comentarios de este tipo, del propio Turtós o de su guionista, Roger Roca, que algunas intervenciones que bajo mi punto de vista caen demasiado en lo “folklórico”. Es una pena, pues la intención era buena y es necesario un trabajo como este. El problema de fondo me parece que sigue siendo muy común a este tipo de producciones, y es que se naufraga ante las convenciones del medio televisivo. Por ejemplo, ese artificio que se va espolvoreando por todo el documental y que consiste en reconstruir la sala Zeleste. Un recurso que ni cuenta ni aclara nada, sólo supone un gasto y trasluce que lo espectacular ha neutralizado el juicio.
Siguiendo de un modo cronológico, la cosa acaba con una serie de divagaciones corales alrededor de la cuestión de por qué se fue al garete todo aquello. Y aquí hay de todo: la irrupción de la música de baile, la profesionalización que esto comportó, la victoria del individualismo sobre el colectivismo, el punk, Madrid… «Tants caps, tants barrets», que se dice en Catalunya. De todos modos, lo más probable es que desapareciera porque tenía que desparecer, y porque ya había desaparecido o estaba despareciendo en otros países. La mayoría de los músicos que en los 70 estaban en bandas de fusión se pasaron, ya en los 80, a lo acústico y a una especie de “neoclasicismo”, una recuperación de modelos o géneros jazzísticos del pasado (en algunos casos actualizándolos y en otros no). Otra cosa es, ¿por qué durante tantos años nadie habló de aquello, dando la impresión –como apunta Zarita– que se les había condenado al ostracismo? Al menos To de re per a mandolina i clarinet viene a paliar eso.
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De las 8 pelis que he tratado este año, la extensión del comentario de To de re... ha sido la mayor con diferencia. Esto se explica por lo que comentaba antes acerca de que es un tema frente al que estoy epecialmente sensibilizado. Vuelta a leer la reseña esta mañana, creo que lo de menos en ella es el tema layetano en sí, y se centra más en el método empleado. No sé si es una buena óptica o no, pero es la que surgió del visionado. A veces, la cosa es también el viaje que haces hacia ella. El asunto es la manera de explicarlo. Y especialmente en los contenidos históricos, todo aquello entre lo que media un lapso de tiempo. Con la historia andamos siempre a vueltas. Somos un animal esencialmente histórico. No obstante, el enfoque que me interesa de la historia es el que se conjuga en presente/futuro. El que nos cuenta más sobre lo que somos que sobre lo que fue. La historia como brújula con la que dirigirnos. No soy historiador. Por eso me preocupó la visión que entendí se desprendía del film, pues me remitía a la inconsistencia actual. Pero es sólo mi opinión, ni más ni menos. Y, por supuesto, prefiero estar equivocado y poder decirlo.
Ah, una última cosa, aquellos que no hayan visto el documental todavía pueden hacerlo en una página de TV3:
http://www.tv3.cat/videos/3798930
9º In-Edit, BCN, octubre/noviembre 2011

Como hacemos cada año, asistimos a algunas proyecciones del imprescindible festival In-Edit y dimos cuenta de ello en Tomajazz. Este año hemos tardado algo más de lo normal, pero también por que el número de films que comentamos es mayor, ocho en total.
En este enlace accederán a la crónica completa.
Los films reseñados son los siguientes:
- Komeda – A soundtrack for a life (Claudia Buthenhoff-Duffy; Alemania / Polonia, 2010; 52').
- Agustí Fernández – Los dedos huéspedes (Lucas Caraba; España, 2011, 45').
- Brötzmann (René Jeuckens, Thomas Mau y Grischa Windus; Alemania, 2011, 80').
- Paolo Angeli (Vincent Moon; Italia, 2011, 10').
- To de re per a mandolina i clarinet (Jordi Turtós; España, 2011, 51').
- Miles electric: a different kind of blue (Murray Lerner; EE.UU., 2004, 87').
- Ray Davies – Imaginary man (Julien Temple; Reino Unido, 2010, 78').
- The Black Power Mixtape 1967-1975 (Göran Hugo Olsson; Suecia, 2011, 100').
Es la primera vez que ponemos un enlace directo con alguna de las crónicas que hacemos para Tomajazz, así que a continuación aprovecharemos para poner enlaces a las pasadas ediciones.
Y a continuación, unos scans sobre la 5ª edición, en un ya lejano 2007, que hicimos para la edición impresa de Cuadernos de Jazz (apareció en el número 101-102, de julio/octubre de 2007). Hemos de decir que es algo que disfrutamos mucho haciéndolo debido a que combina dos cosas que nos gustan especialmente, como son el cine y la música.


En el comentario de la película sobre Ray Davies que se proyectó en el In-Edit de este año se hace mención a un artículo de Diego A. Manrique llamado "Miserias del 'rockumental'". Aquí va el enlace.
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