Esta imagen de Bessie Smith siempre me ha parecido misteriosa. Hay algo fantasmagórico en ella. La mirada al centro, los ojos bien abiertos. La boca que parece decir algo. O reír. En acto de avanzar hacia nosotros, surgiendo de entre un pesado telón (da la impresión de que es pesado). Aunque en realidad creo que está quieta, posando. Aparecida. Las posición de las manos, que mantienen entreabierto el telón, es extraña también. Los dedos índices extendidos, y parece que los meñiques también (o al menos el de su mano izquierda). Como si estuviera conjurando algo. En general, todas estas imágenes de los años 20 transmiten algo inquietante, tienen algo narcótico. Y especialmente las de algunos músicos de jazz (recuerdo ahora otras de Morton, King Oliver, Armstrong o Waller que también me producen una extraña sensación). Tal vez era porque se trataba de las primeras veces que la gente se ponía frente a una cámara, y esa ingenuidad nos resulta rara hoy.
Hay una cosa que siempre me ha gustado especialmente de Bessie Smith, y es que además de cantante de blues también era una artista de vodevil, con ese componente un poco pícaro, sucio, divertido. Teatralizaba un poco el blues y obtenía una perspectiva muy directa y actual (en la época). Podría salir de una obra de Brecht.
En todo caso, un homenaje a ella que sabía mucho de tiempos y situaciones difíciles, pero también sabía reírse.
Hará cosa de un año hice una reseña de una enésima recopilación de esta fabulosa dama (no entiendo por qué la llaman "diva", de diva no tiene nada; es una mujer, y como todas ellas, una dama). El tema que pondremos a continuación me ha acompañado durante todo este 2012: "Gimme a pigfoot and a bottle of beer" (1933)
'Up in Harlem every Saturday night
When the highbrows get together it's just so right
They all congregate at an all night hop
And what they do is Oo Bop Bee Dap
Oh Hannah Brown from way cross town
Gets full of coin and starts breaking 'em down
And at the break of day
You can hear ol' Hannah say
'Gimme a pigfoot and a bottle of beer.
Send me again, I don't care.
I feel just like I wanna clown.
Give the piano player a drink because he's bringing me down!
He's gotta rhyme, yeah! When he stomps his feet.
He sends me right off to sleep.
Check all your razors and your guns.
We gonna be arrested when the wagon comes.
I wanna pigfoot and a bottle of beer.
Send me cause I don't care.
Blame me cause I don't care.
Gimme a pigfoot and a bottle of beer.
Send me again, I don't care.
I feel just like I wanna clown.
Give the piano player a drink because he's bringing me down.
He's got rhyme, Yeah, when he stomps his feet.
He sends me right off to sleep.
Check all your razors and your guns.
Do the Shim-Sham Shimmy 'til the rising sun.
Give me a reaper and a gang of gin.
Play me cause I'm in my sin.
Blame me cause I'm full of gin.
Reseña en Tomajazz de la 'discordiana' noche que tuvo lugar el pasado 21 de diciembre en el CAT de Barcelona, organizada por el sello Discordian Records y por la promotora Arco y Flecha. Como viene siendo habitual en nuestras últimas entregas sobre conciertos, volvimos a contar con las excelentes imágenes que registra Joan Cortès. ¡De lujo! Nos vamos a tener que casar, jazzísticamente hablando, claro.
Jazz y gresca holandesa. Toda esta gente de la movida de por allí saben bien lo que se traen entre manos y además siempre son divertidos. A los 'talibanes' de ya saben qué no les gustan nada (por algo será).
"What happened at Conway Hall, 1938?", del disco Coconut (2012) de Eric Boeren Quartet:
Eric Boeren, trompeta; Michael Moore, saxos y clarinete; Wilbert de Joode, contrabajo; Han Bennink, caja.
Reseña en Cuadernos de Jazz.
Ha llegado la última entrega de la historia de Suck Electrònic Enciclopèdic que está publicando Juanjo S. en la web sense nom. Esta vez se ocupa de cerrar la trayectoria del grupo en los años 70. Además de hablar de las relaciones de Jordi García y otros miembros de SEE con gente de Rock in Opposition, también se detiene en los varios intentos que hizo la banda para grabar un disco (y que finalmente no prosperaron.)
Personalmente me ha gustado pues me ha traído a la memoria uno de los primeros conciertos a los que asistí, el de los andaluces Azahar y los franceses Etron Fou Leloublan en el Saló Diana el mes de enero de 1978 (que aunque también se anunció que estarían los galos de Heratius, finalmente sólo tocaron los dos grupos mencionados). Por cierto, que aún me acuerdo de ese "fuerte olor a elixir" que menciona Jordi Tardà en su crónica de Disco Express.
En el hotel hemos dado puntual cuenta de esta extraordinaria serie que está despachando Juanjo. Y, seguramente, muchos de ustedes se preguntarán, bien, pero, ¿cómo sonaban?
Hemos de decir que el propio Juanjo está preparando una edición con grabaciones de la época, grabaciones que son inéditas, naturalmente. Y, por otra parte, Jaime Gonzalo incluirá algún fragmento de Suck Electrònic Enciclopèdic en la recopilación que está preparando sobre la música subterránea y de vanguardia que se hizo en la Barcelona de los 70 y los 80.
Pero, entre tanto no nos llegan estos esperadísimos trabajos, tenemos la oportunidad de escuchar un breve extracto de un concierto de SEE.
Nuestro buen amigo Javier Hernando publicó el pasado mes de mayo una entrada sobre Suck en su excelente blog, Ojos de músico extraviado (pongánselo en favoritos porque lo vale). Bien, pues en esa entrada, además de hacerse eco de la serie de Juanjo S., tuvo a bien colgar un fragmento de una grabación de SEE que fue transmitida en la época por Radio Juventud.
El jueves pasado tuvo lugar la presentación del disco de Liba Villavecchia Saxophone Spirits. Es un disco especial y difícil, como lo son todos los de saxo sin acompañamiento. La presentación tuvo lugar en un sitio especial también, la sala polivalente de la biblioteca Vapor Vell. Una sala funcional y pequeña con una cristalera al fondo que nos mostraba la calle Joan Güell de Sants bañada con las luces navideñas. De alguna manera, el entorno, la geografía exterior se colaba dentro de lo que estábamos haciendo, aunque fuera como un diorama.
El propio Liba y el Director Wilkins, capo de la biblioteca, me habían pedido que hiciera una breve presentación en la que se hablara un poco de este formato, el saxo solo, y de su historia.
Para preparar algo, estuve mirando en algunos de los libros que tengo y por internet cosas que trataran específicamente sobre la improvisación de saxo en solitario. No encontré nada que me gustará, algo que ya me ha pasado otras veces a la hora de escribir sobre temas similares. Ojo, no quiero decir que no haya cosas de interés, y hasta buenas, sino que a mí no me apetecía hablar desde la perspectiva que me ofrecían. Mi perspectiva no sabía cuál era, pero en todo caso tenía más que ver con esas luces desenfocadas, un poco difuminadas, de la calle en la bella imagen de Joan que encabeza esta entrada.
De repente, di con un artículo de Bill Shoemaker publicado en junio del año 2000 en Jazztimes, que lleva por título "Solo Saxophone Flights". Bill Shoemaker es un periodista que siempre he admirado. Tengo la sensación de no perder el tiempo cuando leo algo suyo. Siempre ofrece ideas, y además está muy bien informado. Hace unos años, estuve en el festival lisboeta Jazz em Agosto. Dicho festival tiene lugar en la Fundación Gulbenkian, que está situada en un parque de la zona alta de la ciudad. Muy cerca de este parque hay un hotel (muy feo, por cierto) en el que se alojan los músicos, periodistas e invitados del festival. Bien, en esos días que pasé ahí, podía ver a Shoemaker hablando con uno, desayunando con otro, comiendo con el de más allá, siempre escuchando a sus interlocutores, y sin siquiera tener que apuntar nada. Casi casi como un periodista en zona de guerra, esperando en el hotel la llegada de noticias, o yendo al frente a buscarlas. Sabe lo que se trae entre manos. Pero lo mejor de todo es que cuando escribe apenas se nota ese esfuerzo. Él siempre trata de urdir algo que aporte una visión o una idea nuevas. Es más, creo que no debe escribir ni un texto hasta que no tiene una idea general que lo articule. Bueno, es una impresión.
Pero, vayamos a "Solo Saxophone Flights". El artículo no es muy largo y tiene una forma peculiar. Comienza con una introducción en la que dice que el solo o la improvisación de saxo sin acompañamiento supone un gran reto, tanto para el músico como para el oyente. Apunta algunos motivos al respecto y después repasa la breve historia de este formato en las primeras décadas del jazz, en las cuales sólo se registran un puñado de grabaciones (Hawkins, Rollins, Dolphy, y descubre algunas más oscuras de Gene Sedric y de Serge Chaloff.)
A continuación, comienza el grueso del artículo, que consiste en la edición de una serie de respuestas procedentes de distintas entrevistas que a lo largo de los años ha hecho a 4 saxofonistas bien distintos: Anthony Braxton, Steve Lacy, Jackie McLean y John Butcher. Dicha recopilación le sirve para apuntar dos grandes tendencias, o más bien dos modos posibles de aproximarse al formato. En uno, se conceptualiza la música en solo como un conducto entre el léxico improvisador del músico y un cuerpo de composiciones determinado (bien sean originales o standards). En la otra, se fusiona método y forma y, si no todas, sí buena parte de las decisiones concernientes tanto a la forma general como a detalles específicos se toman en el momento. En la primera tendencia, estarían Braxton y Lacy; en la segunda, McLean y Butcher (todo y presentar éstos tantas diferencias de estilo y demás entre ellos.)
Naturalmente, lo que queda en suspensión, y que parece dejarlo un poco a la imaginación del lector, es toda la gama que podemos encontrar entre estas dos formas muy genéricas de plantearse las cosas.
Y respecto a lo que hizo Liba la otra tarde, decir que se le podría situar en la segunda tendencia, aunque acercándose unos grados hacia el centro, hacia la otra. (Hablaremos de su disco en breve.)
Hoy hemos tenido un agradable vermutillo con dos músicos vecinos, Ivo Sans y Tito Juan. Es lo bueno de vivir en un lugar como Gracia, donde existen plazas en las que el tiempo parece que va un poco más lento. Han salido varios temas, algunos de los cuales trataremos próximamente, pero nos hemos quedado con uno.
Hemos hablado del rock y del jazz, de los músicos de uno y otro género, y de por qué aquí, en nuestro país, siempre ha habido como una barrera insalvable entre ellos.
Ivo y Tito han completaron parte de su formación en países como Bélgica y Holanda, así que conocen bien lo que pasa ahí. Y saben que en esos lugares las cosas son más naturales.
El tópico define al músico de rock por su actitud, mientras que es la técnica lo que definiría al de jazz. Pero, ¿es que son incompatibles?
Nosotros, francamente, creemos que no. Pero, en la práctica, aquello que debería ser un nexo, como un trasvase, se convierte en una barrera.
De la técnica ya hablaremos en otra ocasión, pero al llegar a casa no he podido evitar ponerme este tema de Creedence Clearwater Revival respecto de la actitud.
Habría mucho que decir sobre qué es actitud. ¿Actitud es haberse cargado a unos tíos en un tiroteo al tiempo que haces discos para las FM, o es ser algo más 'civilizado' pero facturar un hip hop realmente revolucionario? ¿Actitud la tiene un rockero comprometido que además sabe hacer mover los pies al personal, o bien la tiene uno de esos 'malditos' que riegan su leyenda de yonquis aunque aunque lo que digan luego sea insustancial?
En fin, que habría mucho que decir. Estamos un poco hartos de este tipo de generalizaciones o clasificaciones que se van extendiendo de una manera acrítica y que no resisten el más leve examen.
"Born on the Bayou" es un tema vibrante y poderoso. John Fogerty, cantante, guitarrista y compositor de la Creedence, tal vez no sea Metheny, pero Metheny tampoco podría dejar un legado como el de la banda californiana. Y además, es que ni uno ni el otro deben de hacerlo. Uno y otro han de concentrarse en lo que saben hacer. Y si traigo esta comparación aquí es para poner de manifiesto lo estúpido que es ver las cosas así (el "principio de adecuación" queridos lectores, recuerden.)
En "Born on the Bayou", como en cualquier otro tema de ese disco o de los siguientes, encontramos eso tan característico y único de esta banda. Es música popular, que invita a bailar, porque recordemos que hablamos de cosas como rock o blues, que nacieron entre la gente y no en ningún conservatorio. Y hay esa fidelidad de sus miembros a un sonido y unas raíces. Y está esa manera de cantar de John tan bestia, con tanta furia. Escúchenlo con detenimiento.
Se me ocurre que un buen ejercicio para saxofonistas de jazz sería el de tratar de emular el sonido, vibrato y modulaciones de Fogerty. De hecho, esto no sería tan raro, pues a muchos viejos saxofonistas de jazz les gustaba a veces 'imitar' las voces de cantantes que admiraban.
Para acabar, decir que Fogerty no iba de nada, ni de drogota o chuloputas, ni de tipo duro o perdonavidas. Era un tipo normal. Eso sí, algunos de los mensajes más hirientes contra el establishment y la estupidez del hombre medio de su país salieron de sus cuerdas vocales. (Ah, y por si alguien no los había escuchado antes -cosa que supongo difícil- y les extraña la tesitura tan áspera de su voz, decirles que el cantante es el chico de la derecha en la foto de abajo.)
Después de ver hace unas semanas un documental sobre el rap, el crack y todo ese rollo, en el hotel hemos recuperado viejas grabaciones de Public Enemy. ¡Impresionantes! La verdad es que preferimos 15 segundos de ellos que la totalidad del gangsta rap que se ha hecho después.
Política hecha ritmo. Una jungla de beats que se abaten sobre el oyente. Y si la banda sonora es apabullante, la de texto es un conglomerado de ideas, declaraciones, contradicciones, arbitrariedades, verdades, medias verdades y, una vez más, política. Todo con la vivacidad, fuerza y convicción que encontraríamos en una gran avenida o un túnel de transbordo.