sábado, 13 de julio de 2013

El retorno del claviórgano Hauslaib

Como anuncié en la anterior entrada, aquí va la dedicada a la sesión del claviórgano Hauslaib, que tuvo lugar el pasado 28 de abril dentro del ciclo «La música al museu» del Museu de la Música de Barcelona.
Como hice con el órgano Pérez Molero, voy a transcribir parte del texto del programa de mano, que también venía firmado por Pere de la Riva.


Claviórgano. Lorenz Hauslaib. Nuremberg (Alemania), c. 1590. MDMB 821
Madera, metal, carey, marfil. hueso y badana. Dimensiones: 65 x 74 x 56 cm. Consta de un órgano positivo de 4 registros y de una espineta reconstruida a partir de modelos originales del mismo constructor, con teclados acoplados y encajados en un mueble cuadrado con forma de escritorio y ricamente ornamentado. Teclados de 41 teclas que comprenden 3 octavas y media, con octava corta. Tiene dos fuelles exteriores integrados en el techo. Año de ingreso en el Museo: 1963. Restaurado entre los años 2010-2013 
El retorno del claviórgano Hauslaib
El claviórgano Hauslaib es uno de los instrumentos más singulares del Museo. Y lo es por diversas razones. En el ámbito organológico, un claviórgano es un invento peculiar e ingenioso que reune, perfectamente acopladas, las mecánicas de un pequeño órgano y de un instrumento de cuerda con teclado, como por ejemplo un clavicordio, un clavicémbalo o, com es el caso, una espineta. A pesar de ser poco conocido en la actualidad, durante los siglos XVI y XVII fue un instrumento habitual y especialmente valorado como símbolo de ostentación tecnológica y social en las cortes españolas y en los salones de la aristocracia. Encajado en un lujoso y ricamente ornamentado mueble, el ejemplar del Museo es, además, un instrumento genuíno y hecho a medida que nos habla, como un testimonio privilegiado de aquella época, de las costumbres, la estética y los gustos musicales de su tiempo. También es excepcional por el hecho de que se trata de uno de los pocos claviórganos del siglo XVI que se conservan en el mundo y que, probablemente, es el único hoy en día en condiciones de ser tocado, gracias al largo proceso de investigación, estudio y restauración impulsado por el Museo. Después de siglos de silencio, esta sesión nos ofrece la oportunidad de escuchar nuevamente la voz genuina de una claviórgano Hauslaib que todavía es más singular porque ejemplifica el trabajo que, desde hace años, lleva a cabo el Museo en la recuperación del sonido de los instrumentos históricos a partir de los materiales originales, con unos objetivos y resultados que lo distinguen y que lo sitúan entre los más avanzados del mundo en esta labor.
El año 1619, el compositor, organista y teórico alemán Micahel Praetorius (1571-1621) definió el claviórgano -en su tratado Syntagma Musicum, que versaba sobre la práctica musical de la época- como un instrumento de teclado en el cual cuerdas y tubos podían sonar simultáneamente. Para redondear la definición, se podría añadir que no se trata sólo de una simple combinación de dos instrumentos diferentes, uno de cuerda con teclado y un órgano de viento, sino que ambos han de compartir un mecanismo de acoplamiento que los hace sonar juntos de una manera sincronizada y armónica.
Si bien las fuentes historiográficas inglesas acostumbran a datar el claviórtgano hacia mediados del siglo XVI, posiblemente -como explica en sus artículos el investigador y anetrior directos del Museo, Romà Escalas- su origen sigue siendo hispánico y sensiblemente anterior. Si en los modelos italianos y de otras tradiciones predomina la estructura y el sonido del clavicémbalo sobre el del órgano, en los claviórganos hispánicos es el órgano el que prevalece y deja un especio para integrar un pequeño clavecín o espineta que se acopla como un registro más, dándole unos colores más sutiles. Estos claviórganos surgen directamente de la enraizada tradición oraganera ibérica, que dio lugar a una amplia gama de modelos de órganos positivos, de medidas y cualidades sonoras parecidas a las del claviórgano del Museo. Los primeros claviórganos hispánicos serían anteriores al año 1479, cuando encontramos las primeras referencias escritas sobre un ejemplar construido por Mahoma Mofferriz, quien posteriormente daría lugar a una destacada saga de artesanos zaragozanos especializados en la construcción de claviórganos y otros instrumentos de cuerda y teclado.
El claviórgano del Museo fue creado por el constructor Lorenz Hauslaib hacia el año 1590, en Nuremberg. Romà Esaclas apunta y documenta una posible relación entre la tradición hispánica del claviórgano y los constructores de órganos y clavicémbalos de esta ciudad alemana. Esto explicaría que, aún y su origen germánico, el destinatario y propietario -como consta en la inscripción encontrada en el interior del secreto del instrumento- fuera un importante noble español que llegó a ser embajador y ministro al servicio de los reyes Felipe III y Felipe IV: Baltasar de Zúñiga (1561-1622). Seguramente, fue él quien encargó la rica decoración del claviórgano y algunas adaptaciones técnicas en la afinación de acuerdo con las preferencias de la música española de entonces.
De este mismo constructor, sólo quedan tres ejemplares de claviórgano en todo el mundo. El de Barcelona, adquirido en 1963 por el Museo, conservava el órgano pero había perdido la espineta. Los otros dos se encuentran en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y en el Museo Glinka de Moscú. El de Nueva York tiene una forma y estructura muy parecidas al de Barcelona y, a parte de que su estado es más precario, conserva dos espinetas que a su vez aportan pequeños indicios sobre el posible mecanismo de acoplamiento al órgano. Tras años de búsqueda y estudio, finalmente el Museo pudo iniciar un proceso de restauración que, además de respetar los elementos originales, añadía, con materiales y criterios de la ápoca, todo aquello que le faltaba para recuperar plenamente su voz. El taller de organería de Gerhard Grenzing, del Papiol (Barcelona), se encargó de restaurar el órgano y el especialista en teclados históricos Joan Martí reconstruyó la espineta a partir de los modelos de Nueva York y diseñó el dispositivo que faltaba para acoplar los mecanismos de ambos instrumentos, siguiendo las costumbres y técnicas de los instrumentos de la época.


En estas dos imágenes, podemos ver el mecanismo que acciona los fuelles (arriba),
y la parte posterior del claviórgano, con los flautados.

Esta vez, el organista fue Andrés Cea Galán, que interpretó temas de autores alemanes del renacimiento y primer barroco: Leonhard Kleber, Hans Kotter, Paul Hofhaimer, Christian Erbach, Jakob Hassler, Johann Erasmus Kindermann, Heinrich Scheidemann y Samuel Scheidt.
Como se apunta en el texto, y también en la presentación que hicieron miembros del museo y del equipo de restauración, el claviórgano era un instrumento renacentista de carácter palaciego y, por tanto, la música para él escrita era una música más culta y refinada. Con todo, con el tiempo iría entrando en algunas iglesias y en la música litúrgica.

Este día sí que grabé algunos clips, así que voy a poner un par. El primero, usando sólo el órgano, y el segundo, órgano y espineta acoplados.





Y para acabar, un grabado extraído del Diccionario de instrumentos musicales. Desde la antigüedad a J.S. Bach, de Ramón Andrés; un detalle del cuadro de Claudio Coello La adoración de la Sagrada Forma (1685) en el que puede distinguirse un claviórgano; y, para el que le interese, el programa de mano de la sesión.






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